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¿Qué dirá la historia, del ‘Procés’?


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De Ernest Lluch (EPD), aprendí la importancia de buscar los orígenes de la historia, a través de diversos i plurales historiadores. Nunca aceptar los hechos por una única vía. Siempre buscar y contrastar las teorías y verdades, con otras, procedentes de otras fuentes. Aunque economista de estudios y títulos, era un gran historiador, muy conocedor de la Guerra de Sucesión (1714) y sus consecuencias, hasta el día que fue asesinado por ETA.

Fue con él que muchos aprendimos, la verdad histórica y real, de una típica guerra de familias, convertida por algunos en una guerra de España contra Cataluña. Los independentistas han querido mitificar, el antes y el después, de la derrota del 11 de septiembre de 1714. Se llegan a decir barbaridades sobre las condiciones políticas, económicas y sociales, imperantes en aquellos tiempos, como si existiera un parlamento formal y oficial, que pusiera coto a las decisiones reales.

Es muy difícil acabar con ciertos mitos. Este es uno de los más extendidos, hasta el punto de convertirse en fundamento de la doctrina independentista: recuperar las libertades y fueros perdidos, en 1714. Imposible hacer bajar de las nubes, a los seguidores de esta doctrina. Para ellos, el actual presidente, es el 131, de una lista que se inicia en el siglo XIV, con Berenguer de Cruïlles, obispo de Gerona. Sigue una larga lista de eclesiásticos, hasta llegar al primer seglar, en la persona de Francesc Maciá, en pleno siglo XX.

Ya con la democracia recuperada, tuvimos en la persona de Jordi Pujol, al primer presidente autonómico, al que siguieron Pascual Maragall i José Montilla. Luego, con Artur Mas, se quiso echar un pulso al gobierno central, con la pretensión de exigir lo imposible para justificar una huida hacia delante, sin saber exactamente hacia dónde.

Esta huida, fue el inicio del procès. Para unos, suponía apretar al gobierno central, con movilizaciones y reivindicaciones que le hicieran claudicar, y así aumentar los niveles de autogobierno. Para otros, era el ”momentum” que tanto habían esperado para romper con España y conseguir la anhelada independencia. ¿Dentro de la UE? Para algunos sí, para otros, en cualquier lugar, fuera donde fuera.

Quien haya llegado hasta aquí, se preguntará cómo fue posible, creer y hacer creer, a centenares de miles de personas que esto era factible. Muchos nos lo hemos preguntado, pero los que lo hemos vivido, en vivo y en directo, hemos asistido a una especie de secuestro de la voluntad colectiva, mediante discursos, actos, movilizaciones y un muy inteligente uso de los medios de comunicación públicos (TV3, Cataluña radio) y un amplio grupo de canales, emisoras y medios digitales y escritos, abundantemente subvencionados, para, todos juntos, vender el producto.

Durante años (para unos 7, para otros 10) se bombardeó a la población con todo tipo de noticias negativas, inventadas o no, de la realidad española. Tenía que quedar claro que la “bruja” del cuento era España, y contra ella, todo valía. Muchos ataques a lo español, y grandes elogios a todo lo catalán, entendiendo por catalán, lo que era correctamente considerado. Fue así como estos medios, pagados con el dinero de todos, olvidaron la existencia de 4 millones de catalanes, opuestos a la independencia. Se dedicaron a adoctrinar a los 2 millones, próximos o convencidos, para insuflarles ánimos y hacerles creer que la separación era posible.

Bajo esta doctrina toda acción hacia este objetivo era apoyada y financiada. Es así como se llevaban a cabo todo tipo de medidas, legales o no, en ayuntamientos, consejos comarcales, diputaciones y por supuesto, en el Parlamento y el Consejo Ejecutivo de la Generalitat. Vistas con perspectiva, parece increíble todo lo que se hizo. Por ignorancia, por desconocimiento, o simplemente por lo ridículo que supuso prescindir de la realidad mundial, la europea, la española e incluso la catalana.

Todo estaba en contra del objetivo perseguido y sin embargo el embate continuaba, incluso cuando se sabía que no iba a terminar bien. Si buscamos un símil lo podemos comparar con una bola de nieve que en cuanto empieza el descenso ya no puede parar y se hace más y más grande hasta llegar a pie del precipicio. Una vez allí, o algo la para, o cae al vacío.

Pues bien, aquí la paró el artículo 155 de la Constitución. Se aprobó demasiado tarde, para el sentir de muchos, pero mejor tarde que nunca. Ahora, con la perspectiva de los 6 años transcurridos, podemos decir que todo el proceso fue un inmenso despropósito. A nivel interno de Cataluña, pero también con grandes fallos por parte del gobierno del PP. Nunca se debería haber permitido continuar, después de los graves hechos del 6 y 7 de septiembre de 2017, en el Parlamento de Cataluña. En aquellas sesiones, quedó clara la voluntad de subvertir el orden constitucional y estatutario por otro, con tintes claramente autoritarios.

Era el momento de aplicar el 155. No se hizo, pero quedará en la memoria colectiva un grave fallo como éste. En cuanto a la historia, la que sea escrita por buenos historiadores, será muy dura contra todo el proceso. Ha sido un inmenso disparate, con todos los ingredientes de ignorancia, inconsciencia y cobardía. Nadie podía imaginar tantos hechos absurdos, peligrosos e inútiles, pero que han producido daños personales y colectivos que tardarán años en curar. Sinceramente creo que ninguno de los protagonistas ha de poder aspirar a retornar a cargos institucionales, de por vida.

 

Presidente del Consejo de la Federación XI del PSC-PSOE. Ex alcalde de Borredà ( Barcelona) y ex diputado del Parlament de Cataluña.