Educación parlamentaria y crispación
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Opinión
Situación vivida en una representación del Teatro Real, en la fila 3 junto a quien suscribe se sienta Baltasar Garzón. Al momento aparece un energúmeno, no me queda otro adjetivo, que al descubrir su presencia en la platea se dirige a él con ánimo de insultarle profiriendo graves apelativos que tienen que ver con la situación sociopolítica, mientras la acompañante del vociferante se ve forzosamente abandonada en su asiento a bastante distancia. En el entreacto la situación de repite y el agresor verbal busca provocar la respuesta del insultado que responde con extrema frialdad como si se lo que tuviera delante no fuera más que un espectro. El que insulta probablemente espera una réplica visceral o la pelea física que en ningún caso se produce porque el blanco de sus provocaciones se transmuta en columna de mármol.
En las redes sociales se prodigan las descalificaciones a los contrarios, los insultos, las acusaciones más viles y los 'argumentos' más rastreros. Por algunos de esos 'valientes' entre comillas estaríamos a balazo limpio para responder a quien no piensa como nosotros. Un cantante andaluz de menguante eco artístico se 'ha pasado de la raya' en sus altisonantes descalificaciones queriendo insultar a Sánchez y a millones de electores que no piensan de la misma forma que él. Con gran sentido de la realidad las corporaciones de dos ayuntamientos, donde gobierna el PP que tenían concertadas actuaciones, Villacarrillo (Jaén) y Bormujos (Sevilla) las han suspendido al desvincularse de los duros e insultantes epítetos que no hacen más que poner en ridículo a quien los profiere aunque trate de justificarlos por 'la unidad de España'.
La pasada semana Feijoo saludó de manera correcta y educada a las dos ministras en funciones que se sentaban en ese momento en el Congreso, Irene Montero e Ione Belarra con quien también intercambió efusivos besos. Imágenes que han suscitado críticas desde medios de la extrema derecha. Ese gesto de cortesía de Feijoo responde a lo que significa la normalidad en un parlamento donde conviven representantes que simbolizan proyectos políticos divergentes o antagónicos. La expresión de su divergencia y pluralismo viene a representar una de las principales conquistas del estado democrático.
La vorágine de crispaciones que está presente tanto en medios como especialmente en redes sociales que parecen convertirse en cloacas donde se vierten los peores efluvios mentales, aparenta transmitir que esa 'alta tensión' en torno a la vida pública y parlamentaria fuerza a una permanente 'guerra' que se extiende a todas las esferas de la realidad social. Lamentablemente, tan solo quienes conocen con cierta profundidad los intersticios de la política española, son conscientes de los espacios comunes en los que conviven representantes y personajes del más variado pelaje político sin que entre ellos aparezca ese vulcanismo exacerbado que se cruza a través de redes o de ciertos medios.
Por fortuna -y esta es una consecuencia de vivir dentro de un sistema de libertades democráticas- en nuestra agenda de personas conocidas puede haberlas que votan por las más variadas opciones, compañeros/as de trabajo, familiares, vecinos o cercanos que no tienen necesariamente que pensar lo mismo en materia social o política, lo mismo que en cuanto a gustos. Una situación que no era posible durante la dictadura franquista cuando muchos podían acabar con sus huesos en la cárcel por decir lo que pensaban.
Lo que sin embargo hay que echar en cara a profesionales de medios y no precisamente los más encastillados en posiciones numantinas: su poca capacidad para transmitir contenidos sobre espacios compartidos entre representantes políticos que en parlamento o asambleas votan en sentidos muy distintos: los restaurantes donde comen juntos, las sesiones de gimnasio que comparten, las discretas relaciones fuera de la capa de la crispación, incluso las parejas que han surgido dentro de ese entorno entre quienes politicamente son distintos.
Menciono un hecho que apenas he visto comentado: durante unos años un grupo de miembros del Congreso de los Diputados pertenecientes a diferentes grupos políticos ha venido disputando con cierta frecuencia partidillos de futbol o fútbol sala en una instalación de titularidad pública cuyo nombre no voy a dar. Ni un atisbo de la crispación de las instituciones, y sobre todo de algunos medios que parecen alimentarse de los titulares fuertes y de las redes sociales, ecos que trascienden a recovecos de la base social, como esos vecinos que se quitan el saludo porque piensan y votan distinto.
Habría por lo tanto que diferenciar entre diferentes esferas y poner en entredicho la crispación como principio que aparece como un término fijo en ciertos altavoces, con campanas tocando a rebato en expresiones casi guerracivilistas.
Y la realidad de menos decibelios de otros espacios, incluso los institucionales. donde los buenos modos no se han ido aunque los cañones del insulto sigan bombardeando a través de los vociferantes que se creen alguien por confundir libertad de expresión con insulto; poniendo en evidencia el autorretrato de su irrelevancia y carencia de talento.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
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