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La vida del metabolismo


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Aunque a veces percibimos el latido del corazón, por regla general no somos conscientes de lo que ocurre en nuestro interior. Lo normal es que no percibamos, por ejemplo, el trajín de las neuronas, ni el trasiego de sales y agua en los riñones. La física y química subyacentes a esos procesos son las que conforman el metabolismo basal, las que nos mantienen vivos. La energía que gastamos en ellas es el precio que, en todo momento, pagamos por estar vivos y viene a representar entre el 50 % y el 70 % de toda la que utilizamos.

Otros procesos físicos y químicos nos permiten desarrollar actividades tales como hablar, andar y trabajar. A la larga, también los necesitamos para vivir, aunque no en todo momento; la actividad metabólica correspondiente está vinculada a esas actividades físicas. Llamamos metabolismo de rutina, o habitual, a la suma de ambas fracciones.

Metabolismo en niños y adultos

En la fase fetal el metabolismo es intenso. Por un lado, los organismos de pequeño tamaño tienen, de suyo, una actividad metabólica muy alta; es un fenómeno biológico universal. Y por el otro, el feto es un organismo en crecimiento, en su interior se están formando órganos y tejidos nuevos con rapidez y esa actividad es metabólicamente cara. No obstante, si se descuenta el efecto del tamaño, la intensidad metabólica total de los más pequeños no es tan alta; estaría por debajo, incluso, de la de las personas adultas. Influye el hecho de que en el útero materno la actividad física está, muy comprensiblemente, limitada.

Después del nacimiento, ambos niveles metabólicos, el basal y el habitual, se elevan muy rápidamente hasta alcanzar valores máximos alrededor del primer año de vida. Las criaturas de esa edad tienen un metabolismo que es, descontado el antedicho efecto del tamaño, un 50 % más intenso que el de los adultos. La gran producción de tejido nuevo que exige el crecimiento está en la base de ese metabolismo tan alto. Este es un aspecto importante, porque cuanto más intensa es la actividad metabólica, más alimento hay que suministrar al bebé en construcción.

A partir de los 15 meses de vida, el metabolismo desciende hasta los 20 años, para mantenerse después prácticamente constante hasta la quinta o sexta década. En torno a esta edad vuelve a iniciarse un descenso en el nivel metabólico que parece estar relacionado con el deterioro orgánico que se produce asociado al envejecimiento. Salvo durante la fase fetal, en la que el metabolismo ligado a la actividad es de menor entidad, durante el resto de la vida ambas fracciones, la correspondiente al mantenimiento vital y la asociada a la actividad física, llevan cursos bastante paralelos.

El efecto de la senectud

El descenso con la edad de la actividad metabólica basal ocurre, en gran medida, porque se reduce la actividad biológica de todos los órganos y, en especial, de los más activos metabólicamente, como el encéfalo y el hígado. Y el de la componente ligada a la actividad muscular, porque tras alcanzar valores máximos entre los 5 y los 10 años, desciende hasta los 18 con rapidez, se estabiliza a continuación, y vuelve a descender más lentamente a partir de los 45 años, aproximadamente.

En síntesis, el periodo vital de máxima intensidad metabólica basal es el primer año de vida, debido al fuerte crecimiento de órganos muy activos metabólicamente. El de máxima actividad física, son los años anteriores a la pubertad. La intensidad metabólica mínima se alcanza a edades avanzadas, pasados los 70, para ambas componentes del metabolismo, porque tanto la actividad de órganos y tejidos como la del sistema muscular se encuentran en declive ya desde años antes.


La versión original de este artículo fue publicada en el Cuaderno de Cultura Científica de la UPV/EHU.The Conversation


Juan Ignacio Pérez Iglesias, Presidente del Comité Asesor de The Conversation España. Catedrático de Fisiología, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation

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