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¿Cómo se agarran los mejillones a las rocas?


Los mejillones se adhieren fuertemente a las rocas con el potente pegamento que producen. Kristen Sadler / Shutterstock Los mejillones se adhieren fuertemente a las rocas con el potente pegamento que producen. Kristen Sadler / Shutterstock

Los mejillones son un marisco muy común, barato de criar y delicioso de comer. Nos resulta tan familiar que uno podría pensar que no puede guardar ninguna sorpresa. Pero es un animal mucho más sorprendente de lo que parece, un sutil ingeniero de la adhesión y los materiales. Es un molusco con una concha formada por dos valvas articuladas. En su interior, el mejillón no tiene una cabeza diferenciada, pero sí un pie que puede salir por la abertura de la concha para desplazarse.

Es un pequeño animal que se alimenta de organismos microscópicos suspendidos en el agua. Es muy sensible a la composición de su entorno: es un excelente sensor de contaminación. Suelen vivir en zonas sometidas a mareas o corrientes: es fundamental que estén bien amarrados a las rocas u otras superficies fijas para evitar que se rompan. Para agarrarse, el mejillón no puede utilizar los mismos mecanismos de adhesión que en un sustrato seco, ya que se encuentra en su mayor parte bajo el agua –y muy salada– y su pie único no es suficiente para mantenerse estable. Así que produce su propio pegamento.

Lo hace bastante bien, ya que este pegamento es el más fuerte conocido en nuestro planeta. Se adhiere a todas las superficies posibles, en todas las posiciones posibles. Se encuentra al final de lo que se llama el biso del mejillón. Este biso es como el ancla de un barco: está el ancla propiamente dicha (la cola) y la cadena, que en el caso del mejillón está formada por filamentos no pegajosos que son una seda como los hilos de la araña o la de los gusanos de seda. Se pueden utilizar para hacer ropa. Tal vez ya los haya visto: son los filamentos que se desprenden del mejillón al limpiarlo tras la pesca y que los cocineros llaman “barba”.

Dos mejillones unidos por un fino filamento de bisoñé olvidado durante la limpieza. Incluso después de la cocción, el filamento soporta sin problemas el peso del mejillón al que está pegado; puede balancearse sin caerse. Author provided

Pero hablemos de su extraordinario pegamento: ¿cómo lo crea exactamente el mejillón? Este bivalvo adopta un proceso de dos etapas. En primer lugar, produce una espuma líquida de proteína: básicamente, babea la proteína en el agua haciendo burbujas de aire. Esto es lo que formará el material básico de su futuro pegamento.

Al entrar en contacto con la superficie, el mejillón inyecta un coagulante que producirá el pegamento. A continuación, el animal se ancla fuertemente a la superficie. Puede resistir casi todo. Además de su increíble pegajosidad, si se tira de él, no se rompe. Su estructura es una auténtica obra maestra de la ingeniería que le permite deformarse sin romperse.

Esta característica fue totalmente inesperada. Fue una revelación para… arquitectos e ingenieros de construcción. Sorprendentemente, la estructura mecánica de los innovadores edificios antisísmicos se inspira en la estructura molecular del pegamento del mejillón.

El mayor interés despertado por el biso y su pegamento ha sido en el campo de la medicina. Su cuerpo está compuesto por un 75 % de agua, y al tener un pegamento no tóxico, resistente y ultrafuerte, incluso en agua salada, es ideal para fijar implantes –incluso dentales–, para suturar lesiones internas o cicatrices… La paradoja de este pegamento natural es que es difícil de manejar porque es demasiado efectivo… ¡se pega en exceso!

Los investigadores e ingenieros han desarrollado colas artificiales utilizando el mismo coagulante que el mejillón. Estos tienen menos propiedades, pero son suficientes. Sin embargo, en un momento en el que intentamos reducir nuestra huella energética en la Tierra, y cuando conocemos todas las cualidades del biso natural, es frustrante no utilizarlo.

El consumo de este bivalvo en el mundo es de unos 2 000 millones de kilogramos al año. Alrededor del 85 % de estos mejillones se producen en granjas. ¿Y qué se hace con todo el biso producido? Nada, es un desperdicio. Una hermosa seda y su fantástico pegamento se desechan por toneladas. Debe haber una manera de utilizar todo este increíble material natural que estos pequeños ingenieros han producido tan graciosamente.The Conversation

François Muller, Enseignant-Chercheur ECE en Physique. Recherche en nanosciences et nanotechnologies, ECE Paris y Anniina Salonen, enseignante-chercheuse, Université Paris-Saclay

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

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