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Los matemáticos que abrieron la era digital, Premio Princesa de Investigación


(Tiempo de lectura: 5 - 9 minutos)

Cuatro matemáticos que forman parte de la élite mundial de esta disciplina y cuyas investigaciones dieron soporte a la era digital -los franceses Yves Meyer y Emmanuel Candès, la belga Ingrid Daubechies y el australiano Terence Tao- han obtenido el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2020.

El jurado ha destacado sus aportaciones pioneras en su ámbito así como la contribución social de las matemáticas y la trascendencia como elemento transversal de todas las ramas de la ciencia de una disciplina escasamente representada hasta ahora en la nómina de galardonados: sólo en tres en las 39 ediciones anteriores del premio.

Sus trabajos, ha subrayado, han ampliado extraordinariamente la capacidad de observación de nuestros sentidos y han permitido lograr aplicaciones prácticas como la compresión de archivos gráficos sin apenas perder resolución o la reconstrucción de imágenes para el diagnóstico médico.

Meyer y Daubechies han sido líderes en el desarrollo de la moderna teoría de las ondículas, que "son como latidos matemáticos que permiten desde asomarnos a Van Gogh y descubrir su estilo hasta escuchar la música que encierra el aparente ruido del universo".

En definitiva, "visualizar" lo que no se puede ver y escuchar lo que no se puede oír. Por su parte, la colaboración entre Tao y Candès y sus aportaciones en las técnicas de percepción comprimida, además de los innegables avances en imagen médica y otras pruebas diagnósticas derivadas de esta, "permiten completar las señales electromagnéticas o reconstruir melodías a las que el tiempo les robó notas".

Y es que "los números" de estos cuatro científicos son base de la compresión de archivos gráficos (JPEG-2000), de la eliminación de ruido, del cine digital, la restauración de la señal de las imágenes del telescopio espacial Hubble o la detección, por el observatorio LIGO, de ondas gravitacionales.

Sus contribuciones al moderno procesamiento matemático de datos y señales se basan esencialmente en dos herramientas diferentes y complementarias: las wavelets (ondículas) y el compressed sensing (detección comprimida) o matrix completion (terminación de la matriz).

Yves Meyer (Francia, 1939) se graduó en Matemáticas en la Escuela Normal Superior de París (ENS) y se doctoró en la Universidad de Estrasburgo en 1966. A lo largo de su carrera ha trabajado en diversos centros y en 1995 se trasladó al Centro de Matemáticas y sus Aplicaciones de la ENS París Saclay, donde permaneció hasta que se jubiló en 2008 para recibir nueve años después el Premio Abel (el "nobel" de las matemáticas).

Ingrid Daubechies (Houthalen, Bélgica, 1954), que ha trabajado en las universidades de Princeton y Duke, es una firme defensora de que la investigación pura y aplicada son dos caras de la misma moneda y fue la primera mujer en ganar el Premio Frederic Esser Nemmers en Matemáticas (2012) y en presidir la Unión Matemática Internacional.

El australiano Terence Tao (Adelaida, 1975) está considerado la persona con mayor coeficiente intelectual del mundo, medido en 230, y trabaja como catedrático en la Universidad de California, en Los Ángeles.

Autor de 17 libros, fue un niño prodigio que, según ha contado su padre, con solo dos años era capaz de enseñar matemáticas e inglés a otro niño de cinco años. El francés Emmanuel Candès (París, 1970), que ya compartió con Tao el Premio George Pólya, es catedrático de la Universidad de Stanford y codirector de su Data Science Institute y, al igual que el resto de galardonados, es miembro de diversas academias como la Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

Para la divulgadora y matemática Clara Grima, miembro del jurado, los premiados "han revolucionado y lo harán aún más el tratamiento de las señales y la imagen" y ha celebrado que este "merecidísimo" premio dé visibilidad a las matemáticas.

"Son el ADN de todas las ciencias y por su potencia y transversalidad deberían ser cuestión de Estado en cualquier país", ha añadido.

El galardón, el séptimo en fallarse en fallarse este año en el que la pandemia del coronavirus ha obligado a los jurados a celebrar sus reuniones de forma telemática, recayó el pasado año de manera conjunta en la estadounidense Joanne Chory y la argentina Sandra Myrna Díaz, especialistas en biología vegetal y estudiosas del impacto de la crisis climática.

En sus 39 ediciones anteriores el Premio de Investigación Científica y Técnica sólo había recaído en tres matemáticos -Hamilton Smit (2001), Vinton Cerf (2002) y Luis Santaló (1983)- y había sido concedido, entre otros, a las bioquímicas Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna; los químicos Avelino Corma, Mark E. Davis y Galen D. Stucky; los físicos Peter Higgs y François Englert, y a los neurólogos Joseph Altman, Arturo Álvarez-Buylla y Giacomo Rizzolatti.

Los Premios Princesa de Asturias están dotados con 50.000 euros y la reproducción de una estatuilla diseñada por Joan Miró y su entrega está prevista para el próximo 16 de octubre en el Teatro Campoamor de Oviedo, en una ceremonia presidida por los reyes de España.

Las matemáticas que multiplican la capacidad de observar de nuestros sentidos 

La compresión de archivos gráficos sin apenas perder resolución, la reconstrucción de imágenes para el diagnóstico médico o las técnicas para visualizar y escuchar el universo están empapadas de matemáticas, elemento transversal de todas las ramas de la ciencia y el 'ADN' de la era digital.

Las teorías y técnicas para el procesamiento matemático de datos han sido hoy protagonistas del Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2020 que ha recaído en Yves Meyer, Ingrid Daubechies, Terence Tao y Emmanuel Candès, cuatro pioneros en convertir las matemáticas en herramienta universal.

Sus contribuciones han ampliado extraordinariamente la capacidad de observación de nuestros sentidos y son la base y soporte de la moderna era digital, según el jurado. Así, Meyer y Daubechies han sido líderes en el desarrollo de la moderna teoría de las ondículas, "que son como latidos matemáticos que permiten desde asomarnos a Van Gogh y descubrir su estilo hasta escuchar la música que encierra el aparente ruido del universo". En definitiva, "visualizar lo que no podemos ver y escuchar lo que no podemos oír".

Además, según el acta, la colaboración entre Tao y Candès y sus aportaciones en las técnicas de percepción comprimida, además de los innegables avances en imagen médica y otras pruebas diagnósticas derivadas de esta, "permiten completar las señales electromagnéticas o reconstruir melodías a las que el tiempo les robó notas".

Y es que "los números" de estos cuatro científicos son base de la compresión de archivos gráficos (JPEG-2000), de la eliminación de ruido, del cine digital, la deconvolución de imágenes del telescopio espacial Hubble o la detección, por el observatorio LIGO, de ondas gravitacionales.

Sus contribuciones al moderno procesamiento matemático de datos y señales se basan esencialmente en dos herramientas diferentes y complementarias: las wavelets (ondículas) y el compressed sensing (detección comprimida) o matrix completion (terminación de la matriz).

Yves Meyer (Francia, 1939) se graduó en Matemáticas en la Escuela Normal Superior de París (ENS) y se doctoró en la Universidad de Estrasburgo en 1966. A lo largo de su carrera ha trabajado en diversos centros y en 1995 se trasladó al Centro de Matemáticas y sus Aplicaciones de la ENS París Saclay, donde permaneció hasta que se jubiló en 2008.

Meyer, quien habla español, es miembro de la Academia Francesa de Ciencia, la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos o la Sociedad Estadounidense de Matemáticas y, entre los galardones recibidos, destaca el Premio Abel en 2017 (el "nobel" de las matemáticas).

Se considera un "nómada, intelectual e institucionalmente", tal y como dijo cuando recibió el Abel, y ha tenido una intensa relación con España. Según recoge el Instituto de Ciencias Matemáticas en su web, estuvo en la fundación de la Revista Matemática Iberoamericana y ha sido, por ejemplo, un visitante habitual del departamento de Matemáticas de la Universidad Autónoma de Madrid, centro en el que fue investido Doctor Honoris Causa.

Ingrid Daubechies (Houthalen, Bélgica, 1954) se graduó en Física en la Universidad Libre de Bruselas en 1975, donde obtuvo su doctorado en Física Teórica cinco años después. Fue profesora de investigación en esta misma universidad hasta 1987, año en el que comenzó a trabajar en el Centro de Investigación Matemática de los AT&T Bell Laboratories en Nueva Jersey (EE. UU.).

Ha pasado, entre otros, por la Universidad de Princeton y la de Duke, donde ahora ostenta la Cátedra James B. Duke, y está en diversas academias, entre ellas la Nacional de Ciencias de Estados Unidos, la de Ciencias de París y la Sociedad Matemática de Londres.

Defensora de que la investigación pura y aplicada son dos caras de la misma moneda, fue la primera mujer en ganar el Premio Frederic Esser Nemmers en Matemáticas (2012) y la primera en presidir la Unión Matemática Internacional.

Aquí en España obtuvo el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Ciencias Básicas. Terence Tao (Adelaida, Australia, 1975) se graduó en Matemáticas en la Universidad Flinders en 1991 y un año más tarde obtuvo allí su máster; en 1996 se doctoró en Matemáticas en la Universidad de Princeton.

Ese mismo año ingresó como profesor asistente en la Universidad de California en Los Ángeles, institución en la que trabaja actualmente como catedrático. Entre otros, es miembro de la Academia Australiana de Ciencias y la Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

Es autor de 17 libros y, entre otros galardones, ha recibido el Premio Salem (2000) o la Medalla Fields de la Unión Matemática Internacional (2006) por sus contribuciones a las ecuaciones en derivadas parciales, combinatoria, análisis armónico y teoría de números aditiva.

Es la persona con mayor coeficiente intelectual del mundo, medido en 230. Emmanuel Candès (París, 1970) se licenció en Ciencias e Ingeniería en la Escuela Politécnica de París en 1993 y obtuvo su doctorado en Estadística en la Universidad de Stanford.

Después de pasar por el Instituto de Tecnología de California, en 2009 empezó a trabajar en la Universidad de Stanford, donde actualmente es catedrático Barnum-Simon de Matemáticas y Estadística, profesor de Ingeniería Eléctrica y codirector de su Data Science Institute.

Ha recibido numerosos premios, especialmente el Premio Alan T. Waterman o el Premio George Pólya -compartido con Tao-, y al igual que sus compañeros es miembro de diversas academias como la Nacional de Ciencias de Estados Unidos. EFE.


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