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Nada es lo que parece: ¿por qué construimos la realidad?


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Qué difícil es interpretar la realidad, nada es lo que parece pero, ¿qué es la realidad? Se intentará explicar, aunque no sea tarea sencilla porque quizás cada uno viva la suya y hasta una definición propia de lo que le parece que es o pudiera ser.

Si recurrimos a la Real Academia Española (RAE), la palabra existencia admite varias acepciones: 1. f. Existencia real y efectiva de algo; 2. f. Verdad, lo que ocurre verdaderamente y 3. f. Lo que es efectivo o tiene valor práctico, en contraposición con lo fantástico e ilusorio.

Sin discutir lo que sabios eruditos han definido, no es menos cierto que sea tan fácil de precisar. Y es que de entrada, la percepción de la realidad se ve condicionada y determinada por nuestros sentidos. Donald Hoffman, psicólogo de la Universidad de California, se interroga acerca de hasta qué punto se vive la realidad tal y como es o cómo realmente desearíamos que fuera.

No debería olvidarse que nuestro cerebro tiene algo que decir y, en concreto, la neurosociología da mucho que aportar, como indica Carlos de la Puente, al señalar al cerebro como base de las relaciones sociales.

Desde el mundo de la sociología no han sido pocos los autores que han dedicado buena parte de su tiempo a explicar de qué modo y desde un punto de vista científico podemos acercarnos a la realidad para intentar interpretarla. El profesor Miguel Beltrán da cuenta de ello explicando 5 vías de acceso a la realidad social, sin que por ello podamos concluir cuál de ellas es la más adecuada, salvo que entendamos la complementariedad metodológica como una posible vía de entrada a la comprensión de lo que nos rodea.

Por si acaso el tema planteara dificultades, debe recordarse la importancia de los aspectos culturales en la comprensión de la realidad. Parece evidente que la cultura hace percibir las cosas de una determinada manera. Piensen, por ejemplo, en la forma en que su generación se relaciona con la de nuestros padres y también con la de nuestros hijos, sin pormenorizar en una posible comparativa con otros países, incluso hasta cercanos, o ya en el nuestro cuando nos mezclamos con otras etnias o grupos que conforman nuestra diversidad cultural.

La profesora de psiquiatría del Trinity College de Dublín Veronica O’Keane, ha centrado buena parte de su obra en el ámbito de la neurociencia. Uno de sus más recientes e interesantes trabajos es el titulado - en castellano - El bazar de la memoria (2021). O’Keane, sin negar que la memoria es algo individual, no puede alejarse de las influencias sociales, culturales y hasta familiares; de ahí que pueda darse cabida a la idea de memoria colectiva.

Si la memoria colectiva es “fabricada” con la inestimable colaboración de aportes sociales y culturales, esta no debe escapar a la influencia del llamado imaginario colectivo. En este sentido, el sociólogo francés Edgar Morin, lo define haciendo referencia a cómo un conjunto de mitos y símbolos funcionan como una “mente social colectiva”. Este imaginario se va retroalimentando a través de los medios de comunicación – evitaremos hablar en este momento de las fake news -, y se identifica con productos de consumo y personalidades que ejercen una importante influencia mediática o lo que dicho en otras palabras, señala a los influencers.

Si, además, a todo esto agregamos en esta “coctelera” la ideología, como por ejemplo ser de “derechas” o de “izquierdas”, imagínense lo que puede condicionar y hasta filtrar la realidad en temas como la igualdad, el género y tantos otros como el de la política, en el que la polarización es un buen ejemplo de la radicalidad de nuestras posturas.

Como puede apreciarse, esto de percibir, entender y dar sentido a la realidad es algo complejo. Berger y Luckmann (1966) sostienen que todo el conocimiento, incluido el sentido común, es mantenido por las interacciones sociales. Cuando las personas interactúan ante unos mismos patrones comunes, la percepción de realidad se refuerza. Por otra parte, y debido a que este conocimiento es asumido como cierto (lo sea o no), las caracterizaciones humanas, los distintos significados e instituciones sociales se presentan ante todos como parte de una realidad objetiva.

Debido a ello y en síntesis, puede afirmarse que la realidad está construida socialmente muy posiblemente por la necesidad de buscar certezas y seguridad en la manera en que nos desenvolvemos pero, no se preocupen si es que todo esto les parece complejo de gestionar, lo importante es ser consciente de como nuestros sentidos, la cultura, el imaginario, la ideología y los medios de comunicación – con permiso de los influencers - no son más que filtros que podemos ir eliminando en la búsqueda de la armonía con el mundo en el que vivimos y con nosotros mismos.

 


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