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Morir en el barro: el cementerio de elefantes de Orce era una trampa natural


  • Escrito por Paul Palmqvist Barrena y María Patrocinio Espigares Ortiz
  • Publicado en Ciencia + Tecnología
(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)
 Sheldrick Wildlife Trust, Author provided (no reuse) Sheldrick Wildlife Trust, Author provided (no reuse)

Durante la estación seca, la superficie de los terrenos fangosos se reseca y se cuartea, reteniendo debajo la humedad. Eso hace que los sustratos ofrezcan una apariencia engañosa de firmeza, cuando siguen siendo inestables. Y corremos el riesgo de pisarlos, confiados, y acabar con los pies llenos de barro.

Algo parecido les ocurre a los animales grandes cuando se desplazan por la sabana buscando fuentes de agua. Su peso hace que los suelos fangosos se resquebrajen, hundiéndose y quedando atrapados en un lodazal. La situación se repite cada año en África, afectando en especial a los elefantes por su elevada masa corporal, que quedan exhaustos en sus esfuerzos por escapar de estas trampas naturales.

Hienas y humanos compitieron por la comida en Orce

Una situación similar pudo tener lugar en el Pleistoceno inferior de Fuente Nueva-3 (FN3), al sur de la Península Ibérica. La cronología de este yacimiento orcense, ubicado en el margen nororiental de la depresión de Guadix-Baza (Granada), se sitúa en torno a un millón cuatrocientos mil años. Conserva algunas de las primeras evidencias de presencia humana en Europa occidental, consistentes en industrias líticas (piedras talladas por estos remotos antepasados nuestros) de tipología olduvayense, lascas y núcleos de sílex y caliza.

También aparecen bloques calizos no tallados, usados para fracturar los huesos y acceder al tuétano de su interior, así como elementos óseos con marcas de descarnación y de fracturación por percusión, producidas con los útiles de piedra. Abundan igualmente los coprolitos (heces fosilizadas) de Pachycrocuta brevirostris, el mayor hiénido que ha pisado la tierra, de composición similar a los de las hienas modernas. Estas evidencias dan testimonio de la competencia entre ambos carroñeros, humanos y hienas, por el aprovechamiento de los recursos cárnicos.

El yacimiento presenta dos niveles arqueológicos, superior e inferior. En ambos abundan los fósiles, particularmente los restos esqueléticos de mamíferos, así como las industrias líticas. Mientras en el nivel superior predominan los elefantes y los coprolitos de hiena (la mayoría de los 220 exhumados), en el inferior se concentran los bloques calizos.

Estos datos sugieren una mayor intensidad de actuación de los humanos en el nivel inferior, mientras que la actividad de las hienas se concentraría en el superior. Al ser los humanos de hábitos diurnos y las hienas más crepusculares y nocturnas, ambos carroñeros podrían haber actuado en los dos niveles, minimizando la competencia directa entre ellos.

Elefantes, hipopótamos y rinocerontes

Un detalle que llama poderosamente la atención es que en el nivel superior los megaherbívoros sumen casi el 65 % de los fósiles que se pueden identificar anatómicamente. En el inferior, en cambio, apenas alcanzan el 17 %. Estas especies, cuya masa estimada para los adultos superaba los 1 000 kg, están representadas por el elefante Mammuthus meridionalis, cuyos machos podían rebasar las diez toneladas en vida; por el hipopótamo gigante Hippopotamus antiquus, especie de hábitos más acuáticos que el hipopótamo africano moderno; y por el rinoceronte Stephanorhinus hundsheimensis, de comportamiento similar al del rinoceronte negro actual.

Entre los restos destaca el de un elefantes del que se conserva un esqueleto parcial en conexión anatómica, rodeado por lascas de sílex y coprolitos de hiena.

Destaca también que tres quintos de los megaherbívoros del nivel superior sean juveniles, según indica su dentición de leche, mientras que los individuos jóvenes apenas representan una cuarta parte del total en las restantes especies de herbívoros.

En el nivel arqueológico inferior, en cambio, predominan los restos de caballos (Equus altidens y Equus suessenbornensis), que suponen más del 60 % de los restos de herbívoros (frente al 10 % del total en el nivel superior).

Que existan estas diferencias sugiere que las condiciones pudieron ser diferentes en ambos niveles del yacimiento. Al tratarse de ejemplares adultos de las especies de megaherbívoros, a los que es realmente difícil dar caza, hay que buscar una explicación para su extraordinaria abundancia en el nivel superior.

¿Una letrina de hienas sobre arenas movedizas?

Los dos niveles arqueológicos del yacimiento se diferencian en la composición de los sedimentos que conservan los fósiles. En el nivel arqueológico superior, el estrato fértil se compone de arenas finas, ausentes del nivel inferior, y de lutitas margosas. Sus restos de ostrácodos sugieren condiciones ligeramente salinas. A diferencia de las trampas de barro comentadas anteriormente, la abundancia de restos de elefantes en este estrato y su litología permiten plantear la posibilidad de que el nivel superior de FN3 funcionase como una trampa para la megafauna en arenas movedizas.

Intentando reproducir aquellos suelos en experimentos de laboratorio con arenas finas, arcillas y agua salada, se ha comprobado que estos sedimentos son muy sensibles al estrés que supone el peso de un animal grande, volviéndose sumamente líquidos y viscosos cuando los pisan. En tales condiciones, los cuerpos atrapados quedarían a medio hundir, atrayendo a los carroñeros.

La diferencia radica aquí en la carga por unidad de superficie. Hemos calculado que, en el caso de los elefantes adultos, dicha carga se situaría en torno a un 1 kg por cm² de superficie de apoyo de las extremidades. En las hienas, en cambio, el peso soportado sería de unos 300 g por cm² y en los humanos incluso menor, 170 g por cm² (estos cálculos se han efectuado a partir de huellas fósiles conservadas en yacimientos africanos).

Por ello, ambos carroñeros (hienas y humanos) afrontarían menos riesgos al aproximarse a los cadáveres entrampados de los megaherbívoros, pudiendo alimentarse de ellos.

Nuestro estudio comparativo sobre la asociación de fósiles conservada en los dos niveles del yacimiento, en relación a sus características sedimentarias, confirma que el nivel superior de FN3 alberga una densidad extraordinariamente alta de restos de megafauna, que quedó atrapada en un lecho de arenas movedizas, y de excrementos de las hienas que acudieron a alimentarse de estos cadáveres. Por ello, se confirma que el yacimiento es interpretable, literalmente, como un cementerio de elefantes.The Conversation

Paul Palmqvist Barrena, Catedrático de Paleontología, Universidad de Málaga y María Patrocinio Espigares Ortiz, Profesora de Estratigrafía y Paleontología, Universidad de Málaga

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.