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Cicerón, Catilina y la Homosexualidad


(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

Cicerón vivió un largo enfrentamiento contra Catilina, del que salió el célebre discurso que ha amargado a generaciones de estudiantes de latín. En realidad el discurso escrito era muy distinto al que realizó en el Senado, ni los propios senadores habrían entendido un lenguaje tan rebuscado.

No está clara la posición de Cicerón sobre las relaciones homosexuales. Por una parte elogiaba a grandes homosexuales de la historia como Epaminondas, por otra se burlaba de Julio César por pintarse la cara y "parecer una mujer". En el fondo para los romanos el ser activo en una relación homosexual era un honor, el ser la parte pasiva todo lo contrario. Las leyes incluso protegían al primero y castigaban al segundo (Lex Scatinia), aunque esta condena era más social que penal.

Cicerón señaló que no había nada ilegal en el caso de un hombre que lleva a otro al campo, con la intención de disfrutar de placeres homo. Un ciudadano podía tener sexo fácilmente con su esposa en casa, con un hombre en los baños, con una prostituta en el burdel, con un esclavo en una esquina oscura, y sólo ser criticado si no era capaz de mantener cada cosa en su lugar.

Cicerón utilizó sin ningún rubor la homosexualidad de sus enemigos políticos para desacreditarles, pero si eran "activos" no podía denunciarlos, la masculinidad de un activo era virtud. En su discurso “Pro Cneo Panctio” dijo:

"Catilina vive en el vicio: se rodea de mujeres de costumbres fáciles y de hombres disolutos, que corrompen a los jóvenes. Hombres que, languideciendo por el vino, se rocían el cuerpo con perfumes, aman cantar y bailar desnudos. Hombres dados al estupro y a todas las lujurias. Y no es todo: Catilina tiene un amante que ha llegado al punto de interceder por él en el Senado: un amante-esposa, Gabinio, que danza para él, que es su delicia, su luz” (1)

A pesar de ello, y de la gran enemistad entre ambos, Cicerón no denunció a Catilina por tener sexo con otros hombres. No lo hizo por algo muy sencillo, las leyes romanas (Lex Scatinia o más tarde la Lex Julia) no lo condenaban.

Seguramente algo muy distinto habría sido si Catilina hubiese optado por el rol de Gabinio.

(1)(Extraído de Según Natura de Eva Cantarella).

Experto en historia LGTBI.

 

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