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Exorcismo, suicidio, exilio y acoso: la LGTBIfobia persiste


  • Escrito por Violeta Molina Gallardo
  • Publicado en Arco Iris

A Noemí sus compañeros de clase le metieron en la cabeza que era “un monstruo” por ser lesbiana, Rubén fue sometido a un exorcismo para “curar” su homosexualidad y Juan José tuvo que exiliarse en España desde Colombia por las amenazas de muerte y violación que recibía por parte de un grupo armado cuando se enteraron de que era un hombre trans. Son solo tres de las muchas historias que demuestran que el sufrimiento por la LGTBIfobia no es cosa del pasado.

Con motivo del Día Internacional contra la LGTBIfobia, que se conmemora el 17 de mayo, los tres han decidido compartir su testimonio vital para denunciar la violencia y la discriminación que padece el colectivo de personas homosexuales, bisexuales y trans, con el objetivo de que otras no tengan que sufrir un calvario similar.

La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB) ha querido que Noemí, Rubén y Juan José sean este año las voces que contribuyan a una reflexión y sensibilización de la sociedad ante situaciones muchas veces ocultas, pero frecuentes aún en el siglo XXI, en las que se castiga a las personas por su orientación sexual, su identidad de género o su expresión de género.

Condena en secreto

Rubén nació en el seno de una familia evangélica ultrarreligiosa y vivió durante muchos años su homosexualidad en secreto porque la consideraba pecado: “Me sabía la Biblia de principio al final, me levantaba condenándome y me acostaba condenándome”, explica.

Comenzó una relación digital con un chico a través de internet y su familia, al descubrirlo, reunió a varios pastores evangélicos en su casa para someterlo a un exorcismo y hacerlo confesar. Además, lo obligó a ir a Brasil para hacer un curso de “sanidad interior” para curar su homosexualidad.

Allí, le decían que su homosexualidad se podía comparar con la pederastia o con tener relaciones sexuales con un caballo.

Rubén se intentó suicidar en dos ocasiones y terminó rompiendo la relación con su familia a la que, a pesar de que lo sometió a un “bullying” diario por ser gay, ha decidido no denunciar.

“He crecido con el deber moral de cumplir con mi familia, ser un buen hijo. (…) No gano nada denunciando a mi familia, me sentiría mal. Además, los abogados me dijeron que mi madre podría entrar en la cárcel por lo que había hecho“, narra.

Huir para vivir

Juan José es un hombre trans colombiano que vive en España desde hace algo más de un año, país al que llegó como solicitante de protección internacional después de huir de Colombia tras recibir amenazas de muerte de un grupo armado por su identidad de género.

La escalada de violencia había comenzado con delitos de odio e insultos por la calle, mutó a amenazas de violación y para que abandonara el barrio y terminó con las amenazas de muerte: “Me dijeron que si no me iba, me iban a matar. En Colombia una amenaza no se queda en amenaza, se cumple“, subraya.

Juan José denuncia que en Colombia los mayores delitos de LGTBIfobia los comete el estado, además de la policía.

Tras el acoso, una red segura LGTBI en los colegios

Noemí se dio cuenta de que era lesbiana cuando estaba en el instituto en Lugo, lo que le supuso una “hecatombe” personal porque se consideraba “un monstruo”, un “bicho raro”, ya que no tenía ningún referente de mujer homosexual.

Su orientación sexual empezó a ser objeto de acoso en el entorno escolar, lo que la llevó a querer morirse, según rememora. Salir de Galicia fue una liberación para ella: en Valencia, donde terminó la carrera universitaria, encontró un grupo de amigos que la ayudaron a empoderarse.

Hace tres años se sacó la oposición de profesora de instituto y ha decidido visibilizarse entre sus compañeros y sus alumnos porque ha comprobado que en los centros escolares aún sigue presente la LGTBIfobia y ella no quiere que ningún adolescente pase por lo que ella sufrió.

“Soy funcionaria, no me pueden despedir. El mundo educativo tiene que ser más abierto“, asevera. Por eso, ha creado un grupo de apoyo LGTB donde el alumnado es libre para hablar de su orientación sexual y ha impulsado junto a otros compañeros una red educativa gallega donde el profesorado comparte buenas prácticas sobre diversidad afectiva.