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EL PERIÓDICO
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La evolución de la identidad homosexual (4)


Del sida al matrimonio igualitario. 1998-2005

En nuestro país el tema del sida tuvo escaso reflejo en el mundo del arte y la cultura, existe escasa literatura sobre las vivencias de entonces, las obras de teatro y películas que tocaban el tema nos llegaron del mundo anglo-sajón. Actualmente, cuando charlo con menores de 50 años, noto que les es difícil imaginar todo aquello. No lo vivieron.

Afortunadamente supimos reponernos del cataclismo inicial y las campañas solidarias con el lazo rojo nos devolvieron la dignidad, el respeto por los seropositivos y la justa memoria de quienes se llevó esta enfermedad.

En síntesis, el vih/sida en nuestro país rompió e interrumpió una dinámica de progreso, que luego por la propia reacción ante la pandemia, se retomó entrados los 90's.

La identidad gay siguió o volvió al lugar donde empezó por afirmarse. De todas maneras, esos trece años -los más duros del sida entre gays- fueron como un paréntesis (1985-1998). Hubo revistas como MENsual que rechazaron publicar los contactos que pusieran como condición ser seronegativo, un absurdo existiendo ya el condón.

El movimiento gay en su amplia mayoría, prefirió al principio no enfrentarse al sida en primera persona, para no potenciar una doble discriminación o incluso por mantener una mojigata imagen de “pureza”, de “buenos chicos”. Sin embargo, la realidad era la que fue, acabó imponiéndose y hubo que combatir el vih/sida directamente desde las asociaciones gays, campaña tras campaña.

Aunque se inició la batalla por el reconocimiento de las parejas homosexuales, (el fallecimiento de uno de los miembros dejaba al otro sin ningún derecho ante la familia), el sida no dejaba de estar presente en el ambiente gay, aunque fuera de forma menos poco explicita aquí. En otros países, lo encajaron de manera más humana, por ejemplo, figuraban las fotos de los difuntos en los bares de encuentro o se inventó la confección de mantas bordadas en memoria de los ausentes... Si una palabra puede sintetizar todo lo que el vih/sida influyó en nuestra personalidad, la palabra es inseguridad. Nunca estabas seguro cuando tenías una relación sexual, si el otro era o no seropositivo, nadie lo decía, pero la duda flotaba en el ambiente. Incluso con todas las medidas de prevención, asomaba ese “miedo irracional” que antes comentaba. Inseguridad respecto a la gente, la familia,el entorno laboral, y ¿si se enterarán de que soy gay?

A partir de 1998, se estabiliza más la vida de los gays y las siguientes generaciones empezaron a conquistar lo cotidiano como nunca antes. Volvimos a salir de los armarios y a pasear de la mano por la calle. Apareció la tontería de que éramos ricos, simplemente una pareja homo o hetero donde trabajen las dos personas y sin hijos, pues claro que tenían mayor poder adquisitivo.

Varias revistas empujaron esa nueva primavera, Shangay, Nois y Zero desde los kioscos. En sus páginas volvían a salir gays del armario y se desplegaba toda una variada oferta publicitaria...

No desapareció la dicotomía gays serios y locas, pero éstas fueron ganando terreno a tenor de la defensa de la diferencia y de una consolidación del movimiento trans, junto con las Drag Queens. Esta re-conquista del terreno perdido por el sida, se reforzó con la aparición de barrios rosas y de un aumento inmenso de las manifestaciones del Orgullo. De alguna manera en 1998, retomamos el camino que el vih/sida había paralizado en 1985.

Una primera obra de gran calado fue “De Sodoma a Chueca” de Alberto Mira. Publicada en 2004, un gran trabajo sobre la historia, la cultura y la homosexualidad en nuestro país.

De aquel paréntesis se explica el éxito actual de la psicología gay afirmativa, que encarna Gabriel J.Martín, pues por el camino de la lucha contra el vih y los derechos, con tantas urgencias, ganamos por una parte, pero no todo podía hacerse. No pudimos profundizar más y mejor en la auto-estima y la resilencia. Reflexionar y responder a tantas cosas personales. No dio tiempo. Andábamos promocionando el sexo más seguro. Por eso la obra de Gabriel, viene a llenar ese hueco con libros muy exhaustivos.

En esto conquistamos el derecho de matrimonio igualitario en 2005, un avance que de alguna manera le daba la vuelta al matrimonio tradicional heterosexual y contribuyó a la normalización del hecho homosexual. Una normalización que ha supuesto el reconocimiento de la diversidad, aunque sea solo un buen principio. Luego llegaron las familias homoparentales, otro elemento que influye en nuestra identidad, así como la corriente de hombres por la igualdad. El modelo tradicional de ser hombre, de masculinidad está cambiando.

Además, las redes de contactos han modificado bastante la manera de relacionarnos, es todo como más impersonal. Pero para analizar este presente -cada vez más complejo- deben de pasar algunos años.

Como indiqué anteriormente, Amin Malouf afirma que la personalidad de cada cual está construida por muchos factores, pero si uno de éstos entra en problemas, es detestado por la sociedad, ese rasgo deviene básico para asentar la propia identidad. Deviene en la columna vertebral de nuestro carácter. Sea para esconderse, sea para proclamarlo con orgullo. En el peor período del vih/sida, la identidad homosexual se vió doblemente asediada, por homofobia y por serofobia social e incluso dentro de la propia comunidad gay.

En la medida que las nuevas generaciones de-construyan la herencia del machismo y del patriarcado, la identidad gay irá cambiando, dejará de ser un motivo de lucha o de reivindicación especial, será un algo más, simplemente indiferente, con lógico derecho de afinidad...pero para eso todavía falta muchísimo.

Hay una experiencia a tener en cuenta sobre nuestro futuro. Es el caso de Holanda. A principios del siglo XXI, los años 2000, la mayor asociación lgtbi holandesa, el COC, empezó a perder afiliación, registraba menos ingresos y tuvo que ir vendiendo sus sedes. Los gays decían que ya no hacía falta, que habíamos llegado a un estatus social horizontal. Pervivía la Canal Parade como una gran fiesta de agosto, pero fueron cerrando los locales de ambiente gay en Amsterdam, uno o tras otro, por descenso de clientes. Las redes de ligue contribuyeron a ese fenómeno. Pocos años después ese declive se agudizó por la aparición de grupos de skin-heads que repartían agresiones por todas partes. En estos momentos el mismo Ayuntamiento de Amsterdam (derecha) se ha interesado en recuperar bares de ambiente gay y en aumentar la vigilancia policial, pero son muchas menos las parejas de gays o de lesbianas que pasean de la mano.

Nota: como se habrá notado no he tratado en estos artículos sobre la identidad de las personas bisexuales, lesbianas, ni trans, simplemente porque en la actualidad tienen por sí mismas su propia voz y su propia experiencia, su propia historia y su discurso, nadie debe substituirlas.