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EL PERIÓDICO
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La evolución de la identidad homosexual (1)


Todas las personas somos el producto de una multiplicidad de condiciones que determinan nuestra personalidad. Obviamente nadie es idéntico a nadie más, incluso entre personas gemelas.

Los varones que podemos incluir dentro de la categoría homosexual, tras así ser definidos por la medicina en el siglo XX, vamos evolucionando a tenor de avances o retrocesos sociales y políticos. Nuestra personalidad varía y mientras exista homofobia, esa opresión nos configura mucho o bastante, porque afecta a aspectos esenciales de nuestra vida.

Aquello que nos ha condicionado son los tres vectores de la ideología dominante, sexista, machista y heterosexista que impuso el cristianismo y común a las tres religiones monoteístas: católicos, judíos e islamistas y sus diversas y respectivas escisiones, más bien todas con tendencia al integrismo.

En conjunto la presión homófoba llevó y lleva hasta el auto-rechazo e incluso al suicidio de los hombres que aman y/o desean a otros hombres. Depende de cada área geo-política, porque nada es ajeno a las transformaciones sociales y a los poderes fácticos que permanecen de una u otra manera, obviamente incluso en democracia. En esos cambios se inscriben también los avances del movimiento lgtbi, del feminismo y de las transformaciones que conllevan y se van sumando generación tras generación. Hablo de generaciones porque observo -o me parece- que en una sola vida no da tiempo de asimilar todos los sucesivos cambios generacionales que se van acumulando.

Prefiero hablar básicamente de los hombres homosexuales, pues las mujeres han tenido otros caminos.

Los valores de un gay, como de cualquier otra persona, se asientan y se consolidan en la pubertad como muy tarde. Luego podemos reflexionar y de-construir lo que queramos, como en el caso del mítico “amor romántico”, pero la razón no siempre es acompañada por digamos el corazón, los sentimientos. Entramos en contradicciones lógicas con las que pienso hay que aprender a convivir y tolerar en otras personalidades de mayor o menor edad. Por ejemplo, es un lugar común el tema de los celos, mucho que hablar y darle vueltas, pero nos guste o no, -y vuelvo a las generaciones- pues por ejemplo tras 20 años, las cosas no se viven igual. Eso seguramente lo notamos más las personas mayores que las jóvenes, simplemente porque nos educaron y crecimos en marcos muy distintos a los actuales.

Cada minoría marcada y rechazada socialmente, desarrolla una serie de defensas y características para subsistir, reconocerse y reunirse. Esos signos cambian y evolucionan en una u otra dirección según cambia la sociedad.

El movimiento hippie por poner un ejemplo conocido, proclamó unos valores contrarios a los que habían recibido, se rebelaron, ¿y que sucedió ?, pues que dos décadas después aquella llamarada se había apagado, pero -muy importante- dejó un rastro interesante e importante para las generaciones posteriores porque cuestionaron a la sociedad conservadora de aquellos años.

Sin cataclismos políticos, los cambios se acumulan en las sociedades como las capas o los estratos geológicos. Los valores de la República de Weimar en Alemania, habrían tenido una evolución liberadora si no hubiese irrumpido el nazismo, como a pequeña escala en el estado español sucedió respecto de los avances de la segunda república, que aplastó la dictadura nacional-católica del franquismo. En aquella república nacieron los Institutos Obreros para enseñar a escribir y a leer a las clases más desfavorecidas, aparecieron importantes movimientos de renovación pedagógica, las mujeres empezaron a romper barreras, se ganó el voto femenino, despuntó un notable anhelo de laicismo tras siglos de dominio católico, etc etc. Pero todo se fue al traste.

En aquellos tiempos no hubo un movimiento homosexual organizado, como sí lo hubo en Alemania, pero no fue lo mismo antes que después de la guerra civil. Antes García Lorca -entre otros- se atrevió bastante con su homosexualidad, pero luego fue fusilado. Miguel de Molina -y su copla “Ojos verdes”- se atrevió mucho con su homosexualidad ya en plena dictadura, pero fue agredido, perseguido y tuvo que exiliarse.

Ambos vivieron de forma distinta sus vidas. En términos generales sus identidades fueron algo -no mucho- diferentes. Lorca (1898-1936) pudo atreverse a ser el mismo durante la II República, Molina (1908-1993) se atrevió ya durante la segunda república, pero luego fue víctima de la represión, -igual que Lorca,- aunque pudo huir y seguir su carrera artística. Con este contraste quiero solamente indicar que no fue lo mismo antes que después de la guerra civil, los homosexuales que medio salieron del armario, -como ahora diríamos-, luego tuvieron que esconderse bajo las piedras. Sus vidas y sus identidades en conjunto fueron algo diferentes.

Con solo 10 años de diferencia por edad, Lorca pudo vivir más libremente hasta su ejecución, que no Molina pues le alcanzó la dictadura.

El miedo ha moldeado mucho la identidad de las personas homosexuales. Además, la invisibilidad también ha moldeado mucho la identidad de las mujeres lesbianas. La resistencia al miedo-represión y a la invisibilidad, dieron luego paso al movimiento homosexual.

El caso más paradójico fue el de la bailarina de éxito en los años 20's, Tórtola Valencia. Ya bajo el franquismo, adoptó a su compañera, y así, debido a la invisibilidad lésbica y apagando rumores malintencionados, vivieron juntas bajo aquella terrible dictadura. Supieron burlar la represión y juntas fueron enterradas sucesivamente en el cementerio del Poble Nou de Barcelona. En la lápida conjunta figura: “La que fue gran artista CARMEN TÓRTOLA VALENCIA descansó en la paz del Señor el 13 Febrero de 1955 Y su agradecida HIJA ADOPTIVA ANGELES MAGRET VILA Y TÓRTOLA la acompañó en su eterno descanso el 1 de agosto de 1963 E.P.D.”

Gracias al libro "De Sodoma a Chueca” de Alberto Mira (Ed. Egales 2004), puedo llegar a estas conclusiones que desarrollaré más en la próxima entrega: de la transición al presente.