Me había propuesto no entrar en polémicas relacionadas con la política por dos motivos fundamentales: el primero, porque no creo que beneficie al ambiente; segundo, por mi propio bienestar. Sin embargo, me ha sido imposible evitarlo, pues he estallado ante la miseria moral que recorre las bancadas de la derecha en el Congreso de los Diputados. ¿Que Vox anuncia que va a asistir con sus 52 diputados al pleno del Congreso? El PP, moderado, anuncia que sólo irá con la mitad. Unos dan palmas, los otros bailan al son del compás verde. No es sólo que contradigan las indicaciones que ha dado el Gobierno en el Estado de Alarma, sino todo lo que arrastra. La imagen de una oposición que, de forma absolutamente desleal, se desentiende de las medidas que tomen el Presidente, la ministra y los ministros encargados. Les importa poco, no respetan la voluntad del pueblo español que puso al frente del Gobierno a Pedro Sánchez. Desde la oposición se lamentan de que Sánchez no se comunica con ellos (videoconferencias con los presidentes autonómicos y llamadas telefónicas personales al margen, claro está) así que, en una actitud digna de un párvulo, montan la pataleta y desobedecen para que les hagan caso. Actúan como niños malcriados que piensan que el mundo, o España en este caso, es algo suyo.