Como cada año por estas fechas, se reúne en Suiza el Foro Económico Mundial, justamente allí donde Thomas Mann situó el sanatorio de su excepcional novela sobre la decadencia de Europa. Este año el encuentro se celebrará necesariamente de forma virtual, aunque no se descarta una segunda parte presencial a celebrar en mayo y en Singapur. El encuentro de Davos acostumbra a reunir lo mejor de las fortunas y del capitalismo mundial en una especie de "feria de las vanidades" donde resulta muy importante dejarse ver. Lo más granado de los mayores patrimonios, el empresariado de referencia, los grandes gurús de la tecnología, los más reputados catedráticos y opinadores, algunos influencers y todo tipo de vendedores de la ideología dominante explicitan sus recetas para hacer un sistema más competitivo y sostenible, permitiéndose algunas dosis de afectada humanidad. Lugar también donde los que cortan el bacalao de la economía mundial aprovechan para reunir a jefes de Estado de todo el mundo y leerles la cartilla, induciéndoles a practicar la “buena política” que les sugieren y hacerlos comprometer a la mínima intervención estatal en la economía. Hay multitud de sesiones públicas con una gran variedad de temas, pero sobre todo había cuando era presencial, muchos encuentros privados y sin cámara donde se deciden cuestiones importantes y se hacen grandes negocios. También hay esquí y muchas fiestas organizadas por las más reputadas corporaciones. Ser o no ser invitado a determinadas soirées determina hasta qué grado cuentas o no en un mundo que, en realidad, lo forman gente que vive fuera del mundo. No será casualidad que el cantón suizo donde se concentra esta gente, resulta el paraíso fiscal más grande del planeta y donde están fiscalmente radicadas más de 30.000 grandes empresas.