La cascada de acusaciones vertida ante el juez por Luis Bárcenas, tesorero del Partido Popular, sobre la formación política que le ha dado a él emolumentos millonarios, coche oficial, chófer y secretaria durante lustros, marca un antes y un después en la política española. Nunca el alcance de la corrupción había llegado tan lejos en la historia de la democracia en nuestro país. La convicción de que fueron fraudulentas y financiadas con fondos procedentes de cohechos y sobornos casi todas las elecciones a las que el PP ha concurrido desde su mismo origen, constituye una ofensa sin precedentes a los valores democráticos. A través de buena parte de sus dirigentes, esta formación política, surgida de los rescoldos del franquismo, ha llegado a un estado tal de latrocinio, hipocresía, abyección, altanería y maldad que pone entre la espada y la pared a cada uno de sus votantes de buena fe.