Quince años sin Fernán Gómez
A mí, de Fernán-Gómez me gustaba casi todo, hasta su poesía, que era bastante mala. Hubiera querido asistir a alguna de sus célebres fiestas de Nochevieja y de cumpleaños, en las que el genio se explayaba en todo su barroquismo de caballero romántico y antiguo y daba rienda libre a su extravagancia sabiamente teatral, pero no solo no me colé en ninguna de esas fiestas, sino que no pude hacerle siquiera una entrevista y eso que lo intenté, con ahínco y énfasis de periodista y de admirador, cuando lo hicieron académico de la RAE, pero no hubo modo de que aquel hombre gastado ya por el tiempo y sus desventuras me diera el gusto. De Fernando se podría decir lo que Manuel Alcántara escribió de González Ruano: no tenía manías de grandeza, sino grandeza de manías, y es que, en lo que hace a maniático, Fernán-Gómez fue un virtuoso.
- Publicado en Opinión