El clima preelectoral exige innovaciones. Quien las protagoniza cabalmente, suele cosechar ventajas. Vayamos a la necesidad de innovar una práctica política tan reiterada como dañina para la democracia: la opacidad. Cuando los Gobiernos, la oposición, los partidos políticos o sus líderes no explican las razones de lo que deciden, no pueden esperar que la gente les entienda. La política es un álgebra compleja que ha de ir acompañada de una pedagogía capaz de formular, de manera llana, a qué obedecen las decisiones adoptadas. Sobre todo, las concernientes a la política exterior, parcela de la cual el ciudadano de a pie se siente generalmente excluido.