Un primer balance sobre la rebelión del jefe de mercenarios rusos Wagner, Yevgenie Prighozhin, contra el ministro de Defensa de la Federación Rusa, Sergei Shoigú, sitúa a éste último como vencedor formal de la contienda. Su reaparición presencial en el escenario de guerra, el frente ucraniano, contrasta con el paradero desconocido atribuido a su rival, quizá refugiado en Minsk, capital bielorrusa. La lógica del poder parece acreditarse, siquiera formalmente, en Rusia, donde la dimensión estatal de lo político, las Fuerzas Armadas regulares siguen siendo la columna vertebral de la fuerza de coerción y defensa del Estado federal, prima sobre cualquier otra dimensión. Incluso, sobre la que ha encarnado, hasta ahora, la vanguardia bélica en el frente ucraniano, donde el protagonismo de los Wagner, hasta la batalla de Bajmut, ha sido evidente.