Desde que la ministra de Seguridad Social, Elma Sainz, anunció que plantearía hacer una reforma de la Incapacidad Laboral Temporal, (ILT), de forma que los trabajadores que lo deseen puedan trabajar algunas horas estando de baja, la catarata de reacciones ha sido constante. Desde sus socios en el consejo de ministros, a los sindicatos y empresarios, pasando por los partidos políticos que sustentan al propio gobierno, las asociaciones de pacientes del cáncer, etcétera. Todos con mayor o menor contundencia se han opuesto. Para la mayoría, la propuesta supone un retroceso en los derechos de los trabajadores. La ministra de trabajo resumió el rechazo en una sola frase, “con la salud de los trabajadores no se juega”.