Hay una economía de la exclusión y de la miseria que ha creado fenómenos curiosos como es que individuos con bicicletas y una caja te traigan a casa cualquier necesidad o capricho, cualquier día, a cualquier hora, haga frío o calor, nieve o llueva. Para que esto sea posible es necesaria una demanda suficiente basada en comportamientos aristocráticos de querer ser servidos y que se nos satisfaga cualquier extravagancia fuera de hora. El permitírnoslo nos hace sentir que formamos parte de la élite o de un grupo social privilegiado. Más que necesidad de algo, queremos sentir que, aunque sea momentáneamente, alguien está por debajo de nosotros, nos sirve, somos reinas por un día. Este comportamiento puede tenerlo todo el mundo, no hace falta ser de buena família y malos hábitos. Son precisamente la gente más humilde quienes disfrutan más de sentirse distinguidos y relevantes. Entre los servicios prestados, predomina el llevar comida, "para no tener que salir", y la demanda aumenta exponencialmente cuando hace mal tiempo. A nadie se le ocurre pensar con el sufrimiento de quien hace el trabajo, “por algo les pago”, y tampoco se piensa en por qué alguien se ve obligado a aceptar un trabajo de mierda de estas características. Para que haya suficiente demanda como para que, especialmente de noche, los riders sean los protagonistas del paisaje urbano, es necesario que los precios sean muy bajos. Y, pese al esfuerzo y sacrificio que les supone, lo son. Mucha gente sin demasiadas posibilidades y expectativas no tiene más remedio que aceptar formar parte de la función subordinada de los encargos, para ingresar algo que pueda parecerse, aunque sea remotamente, a un salario. Como son muchos los que deben recurrir a esto, los precios son extremadamente bajos. Los clientes, incluso, pueden permitirse retarse a hacer el encargo más difícil posible y dar alguna propina que hace la función de aumento de la burla. En nuestro mundo, se supone que el cliente, en tanto que parte demandante, no debe tener ningún tipo de considerante ético o moral. ¿Por qué?, si la economía de mercado me lo justifica todo.