Lope de Aguirre, entre la locura y el fanatismo
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«La tragedia de un ser era la victoria de otro. Así son todas las demás cosas del mundo ̶ se decía Lope, con ánimo ligero ̶ y hay que andar alerta y madrugar»
La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, 1964, R. J. Sender
Esta es la historia novelada del delirio de un loco aventurero por el Amazonas, cargando mulas, hombres, armaduras y desesperación en busca de la gloria eterna de otros conquistadores. Ambientada en tiempos de Felipe II, esta expedición de apenas un par de centenares de marañones va en busca de El Dorado con la valentía, la desesperación y la crueldad de los que poco tienen que perder y así se unen a un jefe furioso, sanguinario e inconsciente, que les llevará por una espiral de traiciones, asesinatos y rebeldía a la corona con un final funesto. En unos tiempos donde la vida tenía poco valor para todos, fueran españoles, indios o mujeres, las formas de terminar sus días eran más probables de lo que podían llegar a ser en su lugares de origen. Nada aventurado sabiendo que al Nuevo Mundo solía ir lo “mejor de cada casa”, y ya sabemos las opciones: a prisión o a galeras, y a campar a sus anchas por un continente a conquistar, en el que muchos de los cuerpos de soldados rasos se nutrían de personajes de poca ley y menos lealtad… No extraña que así soltados en tierras ricas fueran una bomba de relojería, viéndose por fin liberados del yugo de las leyes españolas, ahora libres y sueltos en la inmensidad de América.
A este tipo de hombres no les bastan las riquezas, que también, se trata del poder por el poder a costa de quien y lo que sea. Aguirre es un iconoclasta. Escribe cartas al rey cagándose en vuecencia (sic) y rompiendo con una vieja Europa en la que no había cabida a esos desmanes. Se rebela, y en su rebeldía se embarca en esta expedición más allá de los límites de la razón y de la capacidad física, arrastrando a su propia hija adolescente, en un delirante viaje desde el Perú hasta el Atlántico a través del Marañón, el Amazonas, el Río Negro y el Orinoco.
Por desgracia no es la historia de una mera novela, porque Aguirre existió, y terminó como terminó después de ponerse el mundo, las leyes y la sangre por montera. No respetó a compatriotas, ni a indígenas ni a mujeres, y solo pudieron pararlo los arcabuzazos de otros españoles. Tampoco es solo el Aguirre de Herzog, con toda la carga que Klaus Kinski consiguió transmitir al personaje (y de paso a todo el rodaje), es la narración de la irracionalidad y la tragedia llevados a su máxima expresión por la irremediable realidad del abismo al que se llega cuando la voluntad solo está dirigida por el mal. Es también el Aguirre de Saura.
Aguirre es un antiguo y noble apellido vasco que se vincula etimológicamente a lo manifiesto, patente y abierto, también toponímicamente hablando. Qué ironía del destino, qué justicia poética, que su portador terminara en lo contrario, tras autoproclamarse príncipe del Perú, Tierra Firme y Chile, ni más ni menos. Ojalá sirva de aviso a tantos navegantes megalomaníacos.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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