Cañas y barro en el coronavirus
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Él era como el pastor de la leyenda: había acariciado de pequeña a la serpiente, la había alimentado, prestándola hasta el calor de su cuerpo, y al volver de la guerra asombrábase viéndola grande, Poderosa, embellecida por el tiempo, mientras ella se le enroscaba con un abrazo fatal, causándole la muerte con sus caricias»
Cañas y barro, Vicente Blasco Ibáñez
Vicente Blasco Ibáñez fue grande por muchas cosas, y seguro que estaría muy orgulloso de saber que es nuestro segundo escritor más universal, después de Cervantes. Esta novela costumbrista, regionalista y sobre todo blasquista, de cambio de siglo habla, a través de tres generaciones, de la atracción del terruño, de la guerra de Cuba y la consiguiente agonía hegemónica de un imperio al que sí se le veía el sol por todas las costuras, de la aciaga vuelta de Tonet a su Albufera valenciana, del micromundo creado en torno a personajes de escasos recursos económicos en un ambiente rodeado por aguas de pobreza y miseria que son su sustento y serán su desgracia, y del Palmar, que es como el ojo de un gran hermano que vigila las relaciones adúlteras de Tonet y Neleta, con infanticidio y suicidio incluidos… Todavía me acuerdo de la serie de televisión española de 1978, impresionante a mis ojos de niña pequeña.
Ya en la época de la novela, el elemento diferencial también radicaba en el uso del idioma: los habitantes de la zona, los pobres, hablan valenciano; los caciques (Cañamel), el castellano, alejados por un lenguaje que no los enlaza sino que los aleja, sin haber aprendido que dos suman y uno resta, en esta historia de denuncia social marcada por el determinismo que parece volver a estar aflorando en nuestros tiempos, pues la cadena causa-efecto está determinando nuestro estado actual en la era del COVID, como una enfermedad oculta entre cañas y barros que ha terminado aflorando entre las miasmas de las marismas, nos ha confinado al reducido mundo de nuestras casas y nos ha convertido en observadores de lo propio y lo ajeno, protagonistas y víctimas de la caída del sistema social y económico que conocíamos y que tanto ha condicionado nuestra estructura social, dejando un (des)orden social lleno de incertidumbre.
Cañas y barro no solo huele a huertas y naranjos, huele a pantano pútrido, a encubrimiento y dolor. Huele a España vírica sin ningún lugar al que huir, porque todo se ha convertido en la Albufera y aquí estamos, varados entre sus cañas y sus lagunas, pobladas de todo lo bueno y lo malo que el ser humano puede ofrecer. Y no se puede, o no se quiere, salir de ella porque desconocemos el precio a pagar y las barcas que nos pudieran cambiar de orilla llevan demasiado tiempo varadas y amarradas a postes podridos por la inercia de las aguas. Ahora somos así, como el oleaje que va y viene dependiendo de los flujos y reflujos de una luna que sigue saliendo aunque nadie la vea ya salir de marcha.
Las cañas y los barros que tendremos que drenar para salir de esta isla me hacen pensar que Blasco Ibáñez tenía razón y que habrá que esperar que el barquero termine de cargar «aquella embarcación (que) servía para todo; era el vehículo de la comida, del hospital y del cementerio».
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.