Comienza la era de las democracias
- Escrito por Paul Löbe
- Publicado en Déjà Vu
“En determinadas circunstancias quizá pueda asegurar la dictadura una concentración más fuerte de la voluntad del Estado, con respecto a una democracia dispersa, en un país donde han llegado a hacerse insoportables las luchas de los diversos grupos políticos. Pero, ¿qué beneficio reportan los ciudadanos de un Estado así? Una disminución, la represión, el aniquilamiento de toda otra opinión política, la exclusión de las masas populares de la gestión, de los asuntos del Estado, la prohibición para ellas de colaborar en éste y de tener en él un papel activo.
Esto es lo que pone a la democracia muy por encima de toda dictadura: que se abre a la generalidad del pueblo, que invita a cada ciudadano a participar en el trabajo en común y hasta con sus propios adversarios. Su crítica, su oposición, concurren a la construcción total del edificio. Su fiscalización despoja al mecanismo del Estado de los engranajes inútiles, sus críticas obligan a rectificar constantemente a aspirar siempre hacia el mejoramiento. La dictadura reúne poder y decisión en manos del Unico. La democracia se apoya en la evolución constante del conjunto del pueblo, y los Estados no pueden durar sino gracias a la colaboración y a la responsabilidad social de todos sus miembros, La dictadura exige la obediencia; se dirige a niños y a seres incompletos. La democracia educa y persuade; ha sido creada para camaradas y para ciudadanos. La dictadura suprime al hombre libre, o más bien convierte a éste en un lacayo; la democracia lo eleva al honor de ser un colaborador consciente. Verdad que no siempre alcanza este resultado de primera intención, sobre todo cuando la formación escolar y los derechos políticos de los individuos han permanecido mucho tiempo a un nivel inferior; pero tales contingencias no la arredran y concede toda su confianza al pueblo.
Tenemos dictaduras en Europa; pero ¿cómo subsisten? Por el destierro, la deportación, el encarcelamiento, la supresión del adversario político y hasta la del propio amigo del potentado cuando no se aviene a la voluntad de éste. Ese es un estado de cosas intolerable para un pueblo libre:
La dictadura oprime el individuo; la democracia lo educa. La democracia trata de servir al Estado preparando el porvenir; la dictadura lo subordina a sus fines propios y el Estado se ve de pronto privado de sus sostenes, y entonces comienza para su existencia una peligrosa crisis.
Por medio de la dictadura intentó Amanullah introducir reformas modernas, y fracasó porque la educación democrática del pueblo constituye pes ro un Estado la única base sólida duradera. No sin razón triunfaron en la Gran Guerra las nacientes democráticas, mientras resultaron vencidas las naciones autocráticas.
En resumen: pasó el tiempo de las dictaduras y comienza la era de las democracias.”
(Paul Löbe fue miembro del SPD y presidente del Reichstag, El Socialista, número 7268, de 24 de mayo de 1932).