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Ana Karenina asoma por el coronavirus


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«El respeto lo han inventado para llenar un vacío donde debiera estar el amor». Ana Karenina, León Tolstói

La entrega femenina, abierta y generosa, a un amor reprobado por la sociedad es uno de los grandes temas recurrentes de finales del s. XIX, que arranca en 1857 con Mme. Bovary y continua con Ana Karenina (1878), La Regenta (1884) y Effi Briest (1895), por poner otros ejemplos clásicos de unos amores adúlteros cuyo precio terminan pagando muy caro sus protagonistas, algo que parecía estar ya superado. Craso error, como sabemos. Me comentaba un amigo que durante el confinamiento había aumentado de forma abrumadora la cantidad de mujeres con pareja que se apuntaban a redes sociales de citas, lo cual bajó notablemente cuando la vida volvió a la ‘normalidad’, y él lo achacaba al aburrimiento de la vida marital y las horas de encierro en casa. Se le olvidó mencionar cuántos hombres hacen lo mismo sin que eso mismo le sonara raro.

Sea como fuere, lo que esto pone de manifiesto es que algo sigue yendo mal, que la condena y la clandestinidad aún están presentes, y que muchas mujeres continúan dependiendo de una situación social determinada y determinante que las mantiene obligas en la sombra. Y «Las mujeres con sombra terminan mal generalmente», nos recuerda Tolstói. Así que más de cien años después, otra vez constato que no hemos cambiado tanto, que seguimos lapidando detrás de los visillos del coronavirus mientras continuamos actuando como fariseos, sabiendo que «no es difícil acostumbrarse a todo, particularmente cuando se ve a los demás hacer lo mismo». Sorpresa, esta frase también es de Tolstói.

Ana Karenina sufre por un amor adúltero y se suicida por la asfixia y el desprecio social al que se ve sometida. Esto que yo alegremente resumo en una frase le lleva al autor más de mil páginas. Reflexión: los dolores del ama, descritos por el realismo magistral de Tolstói, no se despachan con la simple descripción del problema. Tampoco con su condena ni beata comprensión. Se trata de llamar la atención sobre los modelos sociales que presionan, culpabilizan y castigan sin ofrecer salidas dignas a los diferentes modelos familiares con los que en realidad convivimos, pues seguimos sometido(a)s a la presión social del qué dirán enfrascados y encerrados en vidas paralelas que desgastan y agotan y, además, terminan mal. Sabemos que los casos encubiertos de violencia de genero no han disminuido durante la pandemia, al contrario, se han disparado, pero han quedado sepultados bajo toneladas de olvidos porque, simplemente, dejaron de llevarse a los santos medios. Deberíamos preguntarnos porqué. Por qué hemos dejado de tener noticias con las que antes nos bombardeaban y hacia dónde quieren que miremos mientras vuelven los dedos acusadores y apocalípticos de una cultura decimonónica que no debería ya tener la facultad de premiar o castigar según reglas que juzgan a los demás por sí mismos.

Soy Ana Karenina y «la gente me llama falsa. Es verdad, no sería apropiado ser honesta, una moneda tiene dos caras y en la vida hay que mirar a ambos lados». Más que nada, para que no te pillé el tren, digo yo…

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.


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