El control obrero
- Escrito por Ramón Lamoneda
- Publicado en Déjà Vu
“En 1920 (…) creía Lenin que Italia presentaba las condiciones características para hacer una revolución de tipo social, ya que los Sindicatos tenían poder para hacerse cargo de las fábricas. Evidentemente que el intento más serio—fuera del de Rusia—es el de los trabajadores italianos. Pero en el proceso revolucionario italiano este episodio de la toma de las fábricas señala el error de una táctica.
Entonces Giolitti tuvo la habilidad de hacer creer que los obreros y los patronos, en reuniones presididas por el Gobierno, iban a tratar de la forma de promulgar un decreto estableciendo el control obrero. Pero aquello se archivó para dar lugar a que después pudiera establecerse el régimen de dictadura fascista. Uno de los casos característicos de control se da en Rusia, donde los obreros se apoderan de las fábricas abandonadas por los capitalistas ante el temor de las represalias revolucionarias.
En los informes enviados por las entidades patronales a la Comisión parlamentaria española en relación con el proyecto de nuestro camarada Caballero, se cita corno ejemplo para atacarle un discurso de Stalin en el cual señalaba la necesidad, sobre todo, de unificar el mando técnico en las fábricas, ya que entregándolas al Comité de control no rendirían tanto corno era de desear. Pero esta deducción sagaz no puede ser estimable. Porque Rusia no puede servirnos de espejo para las experiencias que hayan de hacerse en el régimen capitalista, ya que los obreros de Rusia no luchan contra el poder burgués, sino con el que ellos han creado, con el que están estructurando. Y en sus luchas no buscan la forma de herirle, sino la de fortalecerle para edificar el régimen socialista. Por consiguiente, no es argumento serio presentar el ejemplo de Rusia. El ejemplo ruso sólo nos puede servir a nosotros para que cuando triunfe el Socialismo sepamos sacrificar algunas de las más caras aspiraciones de los Sindicatos en beneficio del régimen socialista.
Largo Caballero (…), al trazar el proyecto, se ha preocupado de que el control no pueda ser ningún peligro para las industrias. El alcance del proyecto es éste: para representar a los obreros de las fábricas o talleres donde haya más de so trabajadores ha de llevarse dos años en el Sindicato obrero, tres en la profesión y uno por lo menos en la Empresa. Por consiguiente, quien ejerce el control no es sólo el personal del taller, sino el Sindicato a través de esa Comisión de control.
(…) la sola presencia de los representantes obreros en la reunión del Consejo de administración de las Empresas, aunque esos obreros no tengan la preparación suficiente para hacer de su palabra una catapulta que sepulte a los enemigos, su sola presencia (…) significa una coacción suficiente para cortar muchos abusos. Y más interesante que lo que pueda decir allí es lo que puede oír para ponerlo al servicio del Sindicato. Concedemos mucha importancia a esto. Pero hay otra cuestión que tiene aún mayor interés para las organizaciones obreras, y es que las Comisiones de control harán un informe trimestralmente, para presentarlo al Sindicato, para que la ley se sirva antes que nadie al Sindicato, y después pueda utilizar estos antecedentes que se le comunican para actuar como crea más conveniente. Los despidos y la reducción de jornada no podrán realizarse, después de aprobada esta ley, si no es por la Comisión de control.
Es indudable que el Sindicato va a participar en gran parte en la dirección de la Empresa en aquellas cuestiones que se refieren principalmente a cuestiones administrativas. Creemos, por lo tanto, que el sentido del proyecto no es, como se ve, tímido y reformista. Es posible que los elementos de la burguesía lo señalen como algo que va a producir perturbación en las industrias. Otros del campo obrero lo calificarán de ineficaz, de nulo. Pero yo digo que es preciso contrastar los hechos. Y entre que nosotros tengamos que ver desde fuera e intervenir de manera indirecta en los despidos, clausura de fábricas, etc., y que lo hagamos desde dentro, hay mucha diferencia. Porque hacer obra revolucionaria no es sólo tomar el Poder, sino ir poco a poco restando al capitalismo todas las facultades que tenía. Por consiguiente, el control obrero español tiene carácter revolucionario. Prueba de ello es que los elementos parlamentarios de la burguesía procuran que no se discuta rápidamente.
La eficacia del control obrero (…) depende del modo como lo utilicemos. Porque España es un país de organizaciones de tipo centralizado, ya que existen las dos corrientes ideológicas del proletariado: la marxista y la bakuninista. La presencia de Fanelli en España determinó el nacimiento de una organización de tipo aliancista, que ha terminado en puente que lleve al proletariado a la C. N. T. Y así, mientras las organizaciones de tipo sindicalista no aprovecharían la ley más que para perturbar la producción, las organizaciones de la Unión General de Trabajadores, más constructivas, extraerían de la ley de Control obrero todos los beneficios que se conceden al proletariado.
Es preciso que capacitemos a nuestros hombres para que sepan defender con eficacia los intereses de sus compañeros. Y si, llegada la aprobación del proyecto, no hubiese esos hombres, es preciso que se formen sobre la marcha, actuando como autodidactas. Precisamos esa documentación perfecta para que no se nos pueda engañar. Es necesario que las organizaciones vayan poniendo en el primer plano de su actuación el proyecto de control obrero. Y tened previsto que han de dirigirse duros ataques al mismo, diciendo que la situación económica de las industrias es de quiebra. Es verdad, hay situación de quiebra. Pero no de las industrias. La quiebra es del régimen capitalista. Y si no lo pregonaran la cantidad enorme de libros que se han escrito basándose en las teorías de Carlos Marx, lo pregonarían esas muchedumbres de obreros que quieren trabajar, pero que no pueden, y a las cuales el capitalismo quiere colocar, inútilmente, porque no encuentra solución para tan terrible problema. Si es verdad que ha fracasado, nadie tiene derecho desde el sector burgués a decir que eso no se modifique. En este pleito no puede tener voz autorizada el capitalismo. Por consiguiente, si su sistema ha fracasado y el nuestro está inédito y los ensayos que se han hecho han triunfado, cabe decirles que nos dejen el paso libre. Además, si están convencidos de esa situación mala, ¿qué inconveniente pueden tener en que se ejerza el control? Mejor para ellos. Pero no. En el fondo no es ésa la cuestión. ¿No Observáis cómo hay Empresas que, a cambio de que no vengan a la organización los obreros, les han dado las mejoras que solicitaba la Asociación? Yo recuerdo que en la huelga que hace dos años sostuvieron los obreros gráficos madrileños hubo Empresas que dieron a los esquiroles el 21 por 100 de aumento que negaban a los huelguistas. ¿Es que para esto no existía la situación difícil?
¡Ah!, compañeros; es que para comprar las conciencias de los trabajadores no les pesa dar unas pesetas más. No lucha la burguesía por lo que pueda mermarle económicamente. Lo hace por el principio de autoridad. Un patrono español cree que no es posible la producción sino con el régimen despótico del palo.
Yo espero con gran interés y expectación que se discuta el proyecto de Control obrero en el Parlamento. Pero entre tanto voy recogiendo las opiniones que se escapan al vuelo. Parece que la burguesía española se concentra en la figura del señor Lerroux. Este, en su discurso de Valladolid, dijo una cosa de mucha importancia; que todavía no había usado de una arma que le queda: su retirada. Pero dijo, además, algo que no tiene tanta importancia política, pero que a nosotros nos interesa mucho. Es lo siguiente: «Yo no me opongo a que se abran las puertas de mi casa a los obreros; a lo que sí me opongo es a que me la gobiernen.» Pues bien, camaradas; es posible que ésta sea la posición de todos los partidos burgueses. Ellos, ya que no pueden tener la dirección exclusiva de los destinos públicos, querrán tener la del taller y la fábrica. ¿Por qué? Porque saben que es verdad lo que nosotros decimos de que sin libertad económica -no hay libertad posible.
Es necesario, pues, que demos aliento a este proyecto. Porque para nosotros tiene mucha importancia, ya que da a los Sindicatos un poder formidable. Y cuando tengan los Sindicatos el aliento de la pasión actual y esta arma en sus manos, y sepan, además, que sin las organizaciones obreras no hay Socialismo, y que sin el Socialismo no hay organizaciones obreras, habrán llegado al grado de capacitación suficiente para subir a la cima más alta por la realización del Socialismo.”
De una conferencia impartida el 11 de enero de 1933 en la Casa del Pueblo de Madrid, a propósito del proyecto de ley de Largo Caballero, El Socialista, número 7468.