La dinámica psicológica de la política
- Escrito por José Sanchís Banús
- Publicado en Déjà Vu
“La política es, por consiguiente, una fuerza espiritual. Y una fuerza que se integra con otras para determinar la trayectoria de la acción. Tal vez sea éste el momento de preguntarse las características especiales de esta fuerza. En pura dinámica, tres cualidades nos permitirían identificarla: la magnitud, el punto de aplicación y la dirección.
Sólo que en psicopatología la noción del «valor» pierde su importancia y la del punto de aplicación escapa a las posibilidades de los métodos de trabajo psicológicos. Un solo elemento de identidad queda dentro del campo de nuestra posible actividad científica: da dirección. ¿Cuál es, por consiguiente, la dirección de esa fuerza espiritual que es la política?
Para resolver este problema, un solo método posible: la investigación directa. Pero si ella ha de darnos frutos, será preciso que la utilicemos con un claro concepto de sus peligros.
Y los tendría, y muy graves, si nos dirigiéramos a dos representantes más calificados de cada doctrina para preguntarles cuáles son los propósitos que persigue su ideario político. Los caudillos son material muy malo para la experimentación psicopatológica. Primero, y sobre todo, porque son «entes de excepción», y la psicopatología persigue precisamente, con búsqueda afanosa, los elementos dinámicos comunes a todos los hombres, es decir, los hilos que mueven al «término medio». He aquí, por lo menos, una primera limitación de objeto: nada de «caudillos»; es necesario trabajar sobre él «término medio».
¿Y cómo hacerlo? El menos avisado espíritu investigador adivina los graves tropiezos que ha de tener quien se afronte sin ambages con un hombre cualquiera y trate de sondearle sin disimulo sobre la finalidad que persigue con sus opiniones políticas. Se corre el riesgo grave de la insinceridad. Todo hombre tiende a racionalizar y a sublimar sus tendencias; quien escapa de un peligro por miedo, siempre dirá que lo rehuyó pensando en su obra o en sus hijos. Y así sucesivamente, otro tanto ocurriría con todas las tendencias de la conducta humana, incluso con las políticas.
Pero he aquí que nosotros disponernos de un medio excepcional de investigación. Desde el año 1925, la experiencia clínica propia se ha valido del llamado «método automorbobiográfico» de Mira. Consiste sencillamente en que cada uno de los enfermos asistidos, antes de acudir a la consulta, recibe un interrogatorio impreso y minuciosísimo, en el que le son preguntadas todas las circunstancias interesantes de su vida que puedan contribuir al más perfecto conocimiento de su personalidad psicofísica. Una de las preguntas que constan en este interrogatorio dice así: «¿Tiene usted ideas políticas? ¿Cuáles?»
He aquí un buen medio de información. Seleccionemos un poco nuestro material, descartando primero las respuestas que fueron dadas por sujetos cuya enfermedad pudiera suponerse con influencia suficiente sobre sus tendencias políticas por falsear nuestra investigación en busca den «término medio». A un lado, pues, enfermos psicóticos o con psiconeurosis, enfermos de la mente, sobre los cuales sería erróneo construir una norma. Manejemos exclusivamente el material de hombres de todas las clases sociales con una lesión de su sistema nervioso sin influencia alguna sobre su pensamiento.
Una primera. sorpresa nos aguarda: en una inmensa mayoría de los casos las ideas políticas se definen de una manera negativa. Es muy escaso el número de sujetos que establecen su posición política con afirmaciones. Muy pocos contestan «republicano», «monárquico» o socialista. La mayor parte emplea el giro inverso. Son «contrarios a ...», «enemigos de...». Si alguna duda abrigáramos acerca del carácter dinámico de la política, este primer resultado de nuestra investigación habría de disiparla enteramente. La política es una pulsión perfectamente activa, que surge muy frecuentemente en la personalidad para oponerse a una tendencia impuesta.
Naturalmente, en el fondo sólo hay aquí una cuestión de «modo», no de «naturaleza». Lo que nos advierte especialmente la definición negativa de la política es que, en efecto, y tal como habíamos sospechado, las tendencias políticas tienen un fin, una dirección en términos de dinámica, y que el sujeto medio reaccione de una, manera activa contra toda fuerza que intenta oponerse el logro de aquel fin.
Esta primera conclusión deja totalmente en pie el problema cuya resolución perseguimos. Pero nos señala una técnica de trabajo. Veamos de precisar cuáles son las fuerzas que provocan antagónica reacción política, y qué es lo que ellas estorban y habremos entonces señalado indirectamente la trayectoria de las pulsiones que componen un ideario político.
Volvamos al análisis de nuestro material. Con precisión matemática, de 1925 a 1929, nuestro «tipo medio», Se declara “enemigo del desorden», con algún matizado «enemigo de la política». El año 1929 aparece por vez primera el «contrario a la tiranía», que crece como un aluvión tumultuoso en el curso de los meses, hasta ocupar el primer puesto en el primer trimestre del año 1930 Hay aquí un paréntesis de excepción (tan sólo aparente) a las definiciones negativas de la actitud política. Empiezan a llover los «republicanos» y «socialistas», cuyo número aumenta cada día, hasta la hora actual, en que comienzan a hacer su aparición de nuevo los «enemigos del desorden».
No se precisa de aguda penetración para interpretar estos datos y ponerlos en relación con la cronología de la vida de nuestro país.
Con la exactitud matemática de un experimento se pueden anotar los estímulos y las reacciones multitudinarias.
A los desmanes de la vieja política al uso clásico y a las convulsiones sociales responde «el tipo medio» con su hostilidad a la política y al desorden.
A los excesos dictatoriales responde el tipo medio con su odio a la tiranía. La tiranía se intelectualiza, se depura. Un oscuro trabajo de elaboración, ayudado por la propaganda violenta identifica tiranía y monarquía. El tipo medio se hace republicano.
Vuelven las convulsiones de orden social. El «tipo medio» se hace de nuevo enemigo del desorden.
La tiranía y el desorden. He aquí los dos grandes elementos contra los que pretenden luchar con sus ideas políticas los ciudadanos de tipo medio.
¿Pero es que estos dos hechos de la vida colectiva tienen algo de común?; ¿poseen algún elemento que los identifica en su esencia o en su modo de actuar? Para el sujeto que las sufre, es evidente la identidad perfecta de ambas desordenadas fuerzas sociales. Para el sujeto que las sufre, la tiranía y el desorden son ambas a dos un idéntico atentado al derecho.”
De una conferencia que impartió a los alumnos de la FUE en enero de 1932 sobre la política, y que se puede consultar en El Socialista, número 7167.