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Un gobierno de izquierdas


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Los debates sobre los gobiernos de izquierdas en el pasado, justo cuando una vez aprobada la Constitución de 1931 había que formar un nuevo gobierno, ya plenamente constitucional; materiales para la reflexión en el presente…

“En la honda transformación política verificada en España desde el advenimiento de la República figura entre las muchas ventajas que ésta. tiene sobre el régimen monárquico la de haber terminado con el sistema de las crisis domésticas, a cencerros tapados, que, se desarrollaban y resolvían en los despachos ministeriales o en las antecámaras regias, más bien en éstas que en los primeros, sin que en su tramitación interviniese realmente la opinión del país.

El juego político es ahora claro, limpio, v se desenvuelve a la vista de todos" y no entre bastidores. Tal ocurrió con la única crisis que en el Gobierno provisional produjo la salida del señor Alcalá Zamora y del señor Maura. Ambos abandonaron los puestos ministeriales que ocupaban obedeciendo a imperativos de conciencia irreprimibles, y nadie pudo ver en aquellos hechos imposiciones ni componendas de ninguna especie. De no haber mostrado entonces el señor Alcalá Zamora un espíritu recto y antifarisaico, es posible que no hubiera quedado en condiciones suficientes para haber sido elevado a la más alta magistratura de la nación.

Esa trayectoria de claridad, de limpieza política, es la misma que se ha seguido en los momentos presentes para la formación del primer Gobierno de la República. Pero he aquí que a las ultraderechas no les ha satisfecho la forma en que se ha llevado la tramitación de la crisis. Reconociendo salte se ha llevado con absoluta fidelidad al espíritu y a los preceptos de la Constitución, estiman, sin embargo, que la tramitación ha sido excesivamente democrática. Creen que la actuación presidencial ha estado intervenida por las minorías parlamentarias, y que por tanto ha sido poco menos que nula.

Es éste un ejemplo más de los que las derechas vienen ofreciendo de inadaptación al medio. Echan de menos los procedimientos absolutistas del régimen caído, donde las consultas en casos de crisis eran mera fórmula que no solían influir lo más mínimo en la resolución adoptada previamente por el soberano. Corno que una de las causas del aislamiento en que le dejaron sus partidarios fué precisamente el prurito que puso en mantener por encima de todo su poder personal. Aquello arrastró su caída. La reacción ve en todo esto síntomas de peligro para la República. Nosotros no vemos peligro alguno en el ejercicio acertado de la democracia. Lo que sí vemos clarísimamente es el móvil que impulsa al diario católico a estampar sus comentarios. No es otro sino su aversión a que sigan colaborando desde el Gobierno. Plagiando al revés la frase de Gambetta, para los elementos ultraderechistas y clericales el verdadero enemigo es el Socialismo, y -contra él dirigen obstinadamente sus ataques.

Ahora las derechas arrecian en sus ataques violentamente contra los tres ministros socialistas del Gobierno provisional, en la seguridad de que siguen figurando en el nuevo. Y es que los reaccionarios conocen muy bien que el baluarte más firme contra el clericalismo es el Partido Socialista. De ahí su enérgica oposición al ver que éste sigue en el Gobierno. Quizá abriguen la ilusoria esperanza de que, alejado el Socialismo del Poder, les será fácil abrir brecha en el edificio republicano. Hubieran visto gozosos que la crisis se resolvía sin que los nuestros tuvieran intervención directa en la dirección de los negocios públicos. Por ahora no se les ha dado gusto.

La resolución de la crisis ha sido, como esperábamos después de la nota de la minoría radical, de orientación izquierdista. El nuevo Gobierno cuenta con mayoría en la Cámara. Si hasta aquí fueron necesarios los radicales, en vista de diversas circunstancias, ya se ha aclarado que no son imprescindibles. Y si alguien merece reproche, si alguien ha dificultado la solución, prolongando la crisis algo más de lo discreto, no son, precisamente, los socialistas, que se prestaron, por el triunfo definitivo de la República, ahora como siempre, a aceptar puestos en el nuevo Gobierno desde que se advirtió la necesidad de la colaboración de nuestro Partidos…

El Gobierno está formado La República, dentro de la democracia, marcha adelante. Es la hora de las izquierdas. Seguimos, los socialistas, en nuestro puesto, que es el que nos asigna el interés de los trabajadores y -el de la República.”

(Fuente: El Socialista, número 7131, del 16 de diciembre de 1931).


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