Educación contra la guerra
- Escrito por Rodolfo Llopis
- Publicado en Déjà Vu
“…De un lado, hay que combatir las causas de la guerra. De otro lado, hay que formar en torno nuestro un gran ambiente pacifista. Para ello hay que comenzar por desarmar las conciencias. El desarme moral ha de tener su mejor instrumento en la escuela. La escuela ha de liberar las conciencias, ganándolas para la Paz. Ha de crear un fuerte ambiente de paz. Ha de cuidar mucho de la atmósfera que rodea la obra escolar.
Ha de revisar cuidadosamente los libros que ponga en manos de los niños, que no tengan literatura que excite a los escolares. Ha de prohibirles todos los juguetes guerreros. Ha de conseguir transformar los juegos, luchas y deportes, en actividades de verdadera fraternización, sublimando los instintos de lucha en sentimientos de amplia y elevada solidaridad.
La Constitución española, al hablar de la enseñanza, tiene buen cuidado en afirmar que en la escuela el maestro ha de inspirar toda su actividad en ideales de solidaridad humana.
Eso mismo se repite reiteradas veces en las sucesivas circulares del Ministerio de Instrucción Pública.
Eso mismo es lo que modestamente ha tratado de realizar la República.
El Ministerio de Instrucción Pública ha comenzado a revisar los libros escolares. Ha encargado a sus funcionarios que en las festividades en que hayan de repartirse juguetes controlen sus adquisiciones.
Por lo menos, su reparto. ¡Que no pongan en manos de los niños escopetas, sables, cañones, nada que pueda despertar en ellos aficiones bélicas! Desde las escuelas se ha fomentado grandemente la correspondencia internacional, haciendo que se pongan en relación niños de diversos países, despertando sentimientos de fraternidad universal (…)
Y si alguna vez la ambición, la locura, el egoísmo de los Estados capitalistas los empujan hacia la guerra, estamos seguros que en ellos resurgirán potentes y arrolladores los sentimientos fraternales. La fraternidad, la solidaridad que anidó en su corazón, venció, sublimándolos, los instintos ancestrales. La escuela desarmó sus conciencias. ¡Magnífico programa de educación!”
(De un artículo de Llopis titulado, “Hay que destruir las causas”, en el especial que en agosto de 1932 dedicó El Socialista a la guerra)