La República por la escuela
- Escrito por Rafael Martínez
- Publicado en Déjà Vu
“Una de las primeras actividades en el hacer del Gobierno provisional de la República ha ido dirigida a la escuela, para difundirla, para regenerarla, para sacarla del arroyo, del erial, en que la tenía sumida, tan abandonada como al campo, la nefasta monarquía, cuyas puertas duradas salo se abrían para los favoritos beneficiarios, mientras tenía la escuela pobremente pagada y el agro en absoluto abandono; pero afortunadamente cayó envuelta en el lodo de sus muchos pecados para no levantarse jamás.
La República por la escuela es el lema del Gobierno, encarnado en el espíritu de don Marcelino Domingo, veterano maestro, que va a crear 27.151 escuelas que nos faltan para extirpar de una vez la plaga del analfabetismo y preparar así, a base de las escuelas primarias suficientes, el establecimiento de la escuela «única», por la que actualmente propugnan todos los pueblos cultos de Europa y América.
La escuela única, que comenzando por las escuelas maternales a la formación general del niño y adolescente hasta los dieciocho años, después formación profesional y por último la Universidad para las altas investigaciones científicas, siendo estas enseñanzas gratuitas sin distinción de clases, donde todas las aptitudes y capacidades de los ciudadanos sean recogidas y desarrolladas para el aumento e intensificación de las riquezas nacionales en los órdenes económico, social, moral e intelectual.
«El que es dueño de la educación puede cambiar la faz del mundo», dijo Leibnitz, de cuya máxima se desprende que la escuela debe ser nacional y función del Estado; y en el Estado republicano la escuela debe ser única, para el más exacto cumplimiento de la verdadera democracia; y en ella el niño que ingresa de párvulo ha de salir hecho hombre, con su carrera universitaria si sus cualidades intelectuales le permiten llegar a las excelsidades de la ciencia investigadora, y en otro caso saldrá con un arte u oficio, con capacidad suficiente para la lucha por la existencia, y siempre será coproductor de la riqueza espiritual y material que honre a su patria y a la sociedad en general, proporcionándose una vida mejor con su propio trabajo.
La elección de carrera u oficio se hará con sujeción a las aptitudes que el alumno demuestre durante su formación general en la escuela; y de la escuela única saldrán los buenos albañiles, carpinteros, mecánicos, 'agricultores, maestros, médicos, ingenieros, etc.
Esta es la escuela que propugnamos para la República española; y España, con el cambio de régimen efectuado, empieza ya a resurgir de su decadencia material y moral, a que la llevó un régimen monárquico incomprensible y opresor, y crea en este año 7.000 escuelas, y se va a solucionar el problema del agro, y se va a intensificar, volcando millones, la construcción de carreteras y obras públicas de notoria necesidad y eficiencia para la riqueza nacional.
La ratificación de poderes dados por Lis Cortes constituyentes, con tanta unanimidad y emocionante entusiasmo, al Gobierno que fué provisional, significa que dicho Gobierno enfocó bien los problemas nacionales y comenzó a resolverlos con eficacia para el resurgimiento feliz de la patria. Como uno de estos problemas fundamentales es la escuela, y el Gobierno ya comenzó a resolverlo, ahora con máximos poderes completará la magna obra que en día no lejano ha de convertir a España en una gran República democrática y social.”
El Socialista, número 7020, de 9 de agosto de 1931.