La sombra de 2008 es alargada. Entonces, la crisis financiera se desató con fuerza y enterró un crecimiento que parecía exponencial. En Estados Unidos, la caída de Bearn Stearns abrió la espita del imponente contagio bancario, con intervenciones expeditivas de la Reserva Federal e, incluso, de parte de la banca privada, como JP Morgan. La quiebra de Lehman Brothers supuso ya el desagüe financiero. De ahí, a la revelación de las hipotecas subprime, incobrables, adobadas con ingeniería financiera de alta sofisticación matemática, con resultados letales. Todo esto lo ha explicado, entre otros economistas, el propio Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal en el epicentro de la Gran Recesión, en sus memorias de esa crisis. El propio Bernanke reconoció que sus conocimientos de historia económica –realizó su tesis doctoral sobre el crack de 1929– fueron decisivos para no incurrir en los errores que se habían adoptado al caer Wall Street, en octubre de 1929.