El PP acabó engullendo al partido Ciudadanos. Los últimos huestes que se hicieron cargo de la ruina que dejó el tándem Rivera-Arrimadas, a pesar de que continuaron, hasta el último suspiro de vida, auto etiquetándose de centristas y regeneracionistas, acabaron aterrizando en las listas a las próximas europeas del partido que fundó Manuel Fraga, ministro también de las penas de muerte. Denotaron, pues, sin demasiado pudor, su espíritu “reformista”. De ahí que sea toda una alucinación descifrar, tal vez solo posible por un genio extraterrestre, entiéndase Íker Jiménez, a qué deformación política representa el voto inútil en Cataluña a Carlos Carrizosa. No obstante, no es el primer caso que se traga el PP. Del mismo modo sucedió por el de la calle es mía con la extinta UCD de Adolfo Suárez, aunque este partido fue más digno que Cs. La extrema derecha política española, heredera del franquismo, siempre ha permanecido más próximo al ¡viva las caenas y viva la muerte! que a transformarse en una derecha civilizada, modelo europeo, de ahí su inacabable viaje a ninguna parte del centro.