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Cada vez queda menos tiempo para evitar la catástrofe ecológica que se nos viene encima

Después caí en la cuenta

de que los muertos éramos nosotros

Ángel González

Pasa el tiempo y algunas cosas cada vez evolucionan a peor. No quisiera caer en un pesimismo paralizante, pero es trágico y angustioso a un tiempo que las advertencias, avisos y estudios, por ejemplo, sobre el cambio climático… de hace diez, doce, quince años apenas se hayan escuchado.

Europa y Derechos Humanos, la metamorfosis

Cuando cada día supera en horror y dolor al anterior algo muy grave está ocurriendo. No hay tregua ni descanso para los desposeídos. Cuando en la memoria de Europa persisten aún las huellas de todo aquello que desembocó en la Guerra Mundial, una nueva oleada de insolidaridad, pensamiento único, exclusión, sangre y muerte nos sacude. Sobre los restos calcinados que dejaron los millones de bombas que estallaron noche y día, incansables, durante cuatro largos años, se erigió una Europa de derechos y solidaridad. Una Europa que se marcaba como meta que nunca más volvería a ocurrir algo como aquello, que las calles de sus ciudades y pueblos no volverían a ser mancilladas por el ruido de botas militares. El mundo, gracias a Europa, sería un poco mejor. No fue así. Ese sueño se transmutaría en una cruel pesadilla para cientos de miles de seres humanos que huyen de guerras interminables como las de Siria, Afganistán, Kurdistán… En estos días, la Europa de los derechos humanos se ha derrumbado hecha añicos. Con cada persona humillada, con cada persona perseguida, abandonada, a la que se niega asilo y protección, la Europa de los Derechos Universales se desmorona.

Manolito; el cura Pérez

Estos días estoy a curas. Y no sé por qué. Quizá porque algunos sucesos recientes -la muerte de Ernesto Cardenal- o lejanos -Vitoria, marzo de 1976- han despertado episodios que creía olvidados y sacado a la luz nombres, días, frases y rostros, que ahora buscan un hueco en la agenda para dejar momentánea constancia de su presencia en el tiempo; en mi tiempo, en mi vida. Y con la noticia de la elección del nuevo presidente de la Conferencia Episcopal, el aragonés José Antonio Omella, me he acordado de otro cura, también maño y de Alfamén, por más señas.

Réquiem por Ernesto Cardenal

“Creo en vos arquitecto, ingeniero,

artesano, carpintero, albañil y armador.

Creo en vos, constructor del pensamiento,

De la música y el viento, de la paz y del amor.

Yo creo en vos, compañero,

Cristo humano, Cristo obrero

De la muerte vencedor con el sacrificio inmenso

Engendraste al hombre nuevo para la liberación”.

Una apuesta por una farmacéutica pública

Leo, escucho, veo noticias, igual que usted (bueno, seguramente más porque es mi trabajo), sobre el dichoso coronavirus. Un contador incesante que nos avisa de cómo va en aumento el contagio. Y mientras tanto, las voces más respetadas y respetables, responsables médicos, responsables políticos, que nos dicen que no nos preocupemos, que tranquilos.

El peligroso virus

Cada día, miles de personas caen muertas por el efecto de las bombas arrojadas en nombre de una idea, un dios, un poder. Entre 2014 y 2019, treinta y un millones de personas, entre militares y civiles, han muerto víctimas de la guerra. Cientos de miles de personas perecen víctimas de hambre. 8.500 niños y niñas mueren de desnutrición cada día, según datos de UNICEF; el año pasado murieron 6,3 millones de menores de 15 años, mientras 19.000 lo hacen cada día por causas evitables en aquellas zonas donde la desertización avanza inclemente.

Los otros abusos religiosos

En estos últimos años no cesan de aparecer casos y casos de abusos
 sexuales a menores en centros escolares religiosos. Nada nuevo que
 aportar, el tema es cada vez más frecuente. Quizás el estallido más espectacular fuese la ruptura de relaciones diplomáticas entre la católica Irlanda y el Vaticano, al descubrirse la complicidad del estado ante numerosísimos casos impunes: ¡ 60 años encubiertos !

Ateo por la fuerza de la razón

No creo en ningún ser sobrehumano ni sobrenatural, que controle los destinos de los seres vivos y muertos aquí en la Tierra, ni fuera de ella; que imparta castigo y justicia divina ni nada por el estilo. En otras palabras, no creo en dios ni en sus actos ni en sus obras ni en su historia; ni en su hijo ni en su madre ni en todos los santos; ni en ninguna paloma santa; ha detto tutto con rispetto, naturalmente.

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