Hoy nos encontramos ante la desinstitucionalización de la “única familia” como proyecto vital, hasta ahora base fundamental de las sociedades y pilar de los Estados, y como no del patriarcado. Leyes y aplicaciones normativas de ámbito regional, están visibilizando la heterogeneidad del hecho familiar, la diversificación de las formas de convivencia y relaciones familiares acompañadas del cambio de organización intrafamiliar. Comienza a primar el respeto a los derechos y libertades individuales, y la libre elección de la maternidad y paternidad. En la actualidad, la variedad de estructuras familiares se diferencia entre ellas por el número de integrantes, y la diversidad social y sexual, donde al parentesco por consanguinidad o afinidad se suma el parentesco social. A su vez, una misma familia puede presentar características de más de un modelo familiar, ya que éstas han dejado de ser estructuras cerradas o excluyentes. Ya no tiene cabida la clasificación binaria “uniones matrimoniales y no matrimoniales” cuando todas las familias figuran con nombre propio: parejas casadas y parejas de hecho de distinto o mismo sexo, familias heteroparentales, homoparentales, homomarentales, monoparentales, monomarentales, numerosas, reconstituidas, ensambladas, unipersonales, grupos familiares y de mutua ayuda, que conviven en la sociedad, sin embargo los derechos son desiguales, hay un desequilibrio en detrimento de unas en relación a las otras, o carecen de reconocimiento legal como tales.