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Sociedad, salud y economía

Las redes sociales, no cabe duda, son un pozo de inspiración para quienes, como servidora, gustan de asomarse a la realidad cotidiana, esta que aparece atravesada todos los días por la pandemia, sus cifras y sus consecuencias.

  • Publicado en Opinión

La urgente necesidad de una ley de igualdad de diversidad familiar

Hoy nos encontramos ante la desinstitucionalización de la “única familia” como proyecto vital, hasta ahora base fundamental de las sociedades y pilar de los Estados, y como no del patriarcado. Leyes y aplicaciones normativas de ámbito regional, están visibilizando la heterogeneidad del hecho familiar, la diversificación de las formas de convivencia y relaciones familiares acompañadas del cambio de organización intrafamiliar. Comienza a primar el respeto a los derechos y libertades individuales, y la libre elección de la maternidad y paternidad. En la actualidad, la variedad de estructuras familiares se diferencia entre ellas por el número de integrantes, y la diversidad social y sexual, donde al parentesco por consanguinidad o afinidad se suma el parentesco social. A su vez, una misma familia puede presentar características de más de un modelo familiar, ya que éstas han dejado de ser estructuras cerradas o excluyentes. Ya no tiene cabida la clasificación binaria “uniones matrimoniales y no matrimoniales” cuando todas las familias figuran con nombre propio: parejas casadas y parejas de hecho de distinto o mismo sexo, familias heteroparentales, homoparentales, homomarentales, monoparentales, monomarentales, numerosas, reconstituidas, ensambladas, unipersonales, grupos familiares y de mutua ayuda, que conviven en la sociedad, sin embargo los derechos son desiguales, hay un desequilibrio en detrimento de unas en relación a las otras, o carecen de reconocimiento legal como tales.

Modernidad o fracaso general

“La soledad es algo innato a la noción de ser y existir del humano” -le dije hace tiempo a uno de mis colegas que preguntó sobre mi creciente actitud a no querer ir a la Universidad a perder el tiempo. -Es que no lo entiendo, ¿cómo se te ocurre dejar las clases para quedarte sola en tu casa? ¡Estás loca!. Yo le contesté que sí, que sí, que estoy loca pero que mi locura se vuelve creativa cuando estoy sola. Entre otras cosas -tampoco es que me derritiera en explicaciones- le dije que yo cuando estoy sola me encuentro muy bien, tengo una armonía creatividad inteligente que aprovecho al máximo y que me proporciona muchos beneficios emocionales. No le dije que soy un hacha del Wing-Chung, ¡Ja!

No se puede soplar y sorber al mismo tiempo

El refranero castellano nos ofrece frases para casi todo. Sin duda, para lo que estamos viviendo miles de familias estos días hay una muy clara que se nos pasa por la cabeza cuando pensamos en lo que está sucediendo: no se puede soplar y sober al mismo tiempo, señoras y señores del Gobierno.

Las pandillas de las comunidades y las políticas

Dentro del marco occidental de la política cultural, España ofrece un ejemplo muy interesante que, en lugar de modelo, es una aportación para Europa y otros países pertenecientes a otras tradiciones de acción pública. La importancia de las raíces históricas que el país comparte con diversas áreas lingüísticas ha sido tradicionalmente muy difícil de solventar. Durante el período franquista, culturalmente hablando, la realidad española fue al cumplimiento de un destino que en el espacio de hibridación de fuentes y polos de intervención pública crearon un sistema vacilante. La administración directa y formas de gestión delegadas, la política cultural en España generó nuevas preguntas sobre una filosofía hacia la acción pública. Dicha acción ha sido fundada en un ministerio central pero también en una intensa descentralización de competencias a las comunidades autónomas. España puede servir como un prueba a quienes cuestionan los riesgos de un desmembramiento de las autoridades como lo ha sido durante veinte años, por ejemplo, en Francia. España es finalmente un laboratorio de gestión singular de la diversidad cultural. Cuando en Europa todavía estaban comiéndose los osos a bocaditos, España era un referente intercultural que hasta el día de hoy no han conseguido ninguno.

Otra decepción en nuestra Historia

Allá por el curso 2001/2002, iniciando milenio, estaba finalizando mi primera licenciatura, Historia, y en una asignatura que nos impartía el catedrático e insigne profesor Juan Pablo Fusi, Historia del siglo XX, nos propuso el primer día realizar un trabajo de investigación durante el curso con intensidad y demostrando la madurez adquirida al final de la carrera, con una visión histórica y seria sobre ciertos temas que se tratarían en clase. Yo le propuse la idea sobre el aprendizaje democrático en la vida del rey Juan Carlos I, el profesor se asombró pero me dijo que adelante. Mi premisa era que esa idea no se había dado por la "espontaneidad" durante la pre-transición, ni durante la misma, si no mucho antes, ya en una “silenciosa espera del monarca”, con argumentación, investigación y bibliografía, y he de decir que con mucho trabajo logré finalizarlo a tiempo y puedo decir que el resultado fue muy bueno, tal y como la nota reflejó.

Practicar el perdón no significa aceptar el mal: un poco de reflexión

A menudo el ser humano padece el horror de tener que convivir con el error, con aquellas acciones de las que no está en absoluto conforme, aquellas que le crean malestar, fastidio o disconformidad con su entorno, con sus relaciones y paulatinamente le convierten en otro ser, otra persona. No quiere decir que la persona reconozca este proceso, generalmente no se da cuenta, solo sus maneras, sus pensamientos y sus preferencias, su conducta va cambiando sin que apenas lo aperciba hasta llegar a un punto de crisis del ser que se manifiesta de diferentes formas según proceder. Se relaciona con las características que rodean a la persona, sus mecanismos de escape, con su capacidad de evasión intelectual, así como sus dependencias o independencias físicas. La mayoría de las ocasiones buscaremos en nuestra manera de responder con el entorno y las personas que nos rodean esa consecuencia de lo que han sido hasta ese momento las diferentes maneras de responder ante una decisión u otra, ante lo que hemos hecho cuando hemos tenido que escoger. Este simple y puede que absurdo enunciado sea también parte de la historia de nuestro país.

Contra la imposición monárquica

Nadie con suficientes luces políticas desconoce que el sentimiento colectivo de humillación es un potente resorte capaz de movilizar fuerzas sociales de la manera más insospechada. Si la sociedad española no ha reaccionado con más ímpetu ante los casos de corrupción protagonizados por el rey emérito Juan Carlos I –digamos “presuntos” casos, dadas las formalidades al uso- y ante los modos en que desde altas instancias del Estado se buscan salidas por la tangente, dados hechos tan lamentables con sus posibles consecuencias, es por verse abrumada por la crisis sanitaria de la Covid-19 y atemorizada por la crisis socioeconómica en la que, a causa de aquélla, estamos inmersos. La indignación de la ciudadanía es tal que sólo a trancas y barrancas salen voces defendiendo la autolesionada imagen de quien fue jefe del Estado, habida cuenta de que no somos los ciudadanos ni los medios quienes ubican al emérito en las páginas de las “historias de sucesos”, sino que ha sido él mismo quien ha puesto su nombre en ella con un variopinto elenco de hazañas sin ninguna épica y con menos ética. Por eso ha sorprendido tanto el manifiesto de “los setenta”, nutrido con firmas de quienes fueron altos cargos –del PSOE, del PP y de UCD- en el gobierno de España, de comunidades autónomas, de ciudades…, encabezados por el ínclito Alfonso Guerra, dispuesto a ejercer de albacea de lo que hemos llamado “régimen del 78”, ya que la deriva de nuestra democracia es a eso a lo que ha devenido.

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