El infierno que vive Sudán en las últimas semanas es sólo la agudización de una crisis cuyos orígenes se remontan mucho tiempo atrás. La mayoría de los analistas remiten a la fallida transición hacia un gobierno civil tras el derrocamiento del general pro-islamista Osman Bashir, en 2019. Pero, en realidad, los males vienen de antes: sin exagerar, desde el momento mismo de la formal independencia del país del Alto Nilo, en 1956. La primera década del nuevo estado fue turbulenta. En 1969, el general Yaafar al-Numeiri encabezó un golpe militar que sofocó una larga y penosa guerra civil. De inspiración comunista y panarabista-nasserista, el régimen fue deslizándose hacia posiciones conservadoras, que se acentuaron con el cambio histórico de Sadat, el tratado de paz egipcio-israelí y la llegada de Reagan a la Casa Blanca.