Hemos vivido una semana de pasión, también en la política española en que han emergido las diferencias latentes de la izquierda al tiempo que la alarma por la principal amenaza que se cierne sobre las próximas elecciones, una vez despejado el peligro de la recesión y la ruina que a pesar de todo hoy nos sigue profetizando la derecha. El proyecto Sumar se encuentra ante el Escila de la necesaria renovación de la izquierda y el Caribdis de la posible división con Podemos. Ahí se juega la continuidad en el futuro del actual gobierno de coalición progresista. El momento de clímax se ha producido en el acto de aceptación de Yolanda Díaz como candidata del proyecto Sumar en el polideportivo Magariños. Todo un éxito para sus convocantes, mientras que para los dirigentes de Podemos ha sido un 'acto truncado', si no trucado por la deslealtad. Una ausencia de Podemos del proyecto que para la candidata no sería un fracaso y que por contra para Pablo Iglesias se trataría de una verdadera tragedia. A continuación, una semana santa con una escalada de reproches entre Podemos y Sumar, precedida por la crítica de Podemos al favoritismo del CIS y de los coaligados del PSOE para con el proyecto de Sumar, implicando al propio presidente del gobierno, al que han emplazado a dejar de opinar para centrarse en la gestión. Con ello ha vuelto la desconfianza. Algo tradicional en la izquierda, al menos desde los tiempos de la quinta columna, pero revitalizado en los últimos años con el ocaso del bipartidismo.