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Lawfare es corrupción que rompe la división de poderes; el nuevo golpismo

Lawfare, o guerra jurídica, se refiere a cuando un actor político o institución instrumentaliza el sistema de justicia para perseguir, neutralizar y hasta destruir a sus competidores o adversarios políticos. Es un golpe de Estado por otros medios. Aquí en España estamos viendo como se está produciendo el acoso, con intención de derribar al Gobierno, con una apariencia de legalidad, lo que no deja de ser una operación oscura, que deslegitima el propio Estado de Derecho y la democracia.

¿Qué hacer?

¿Qué hacer? Ésta es hoy la pregunta. La respuesta pasa por considerar la necesidad de desterrar la falta de acción política en la escena española, pese a los reiterados intentos del Gobierno de coalición por desplegarla. La oposición consiguió sustituir los hechos políticos por la mera (in) comunicación política, sin otro contenido que el No a todo, aderezado con la insidia y el insulto. Lo peor es que, desde la otra parte, se interiorizó esa negatividad. Y la casa quedó sin barrer.

Evolución salarial y poder adquisitivo

Durante la escalada inflacionista las personas trabajadoras de nuestro país han sufrido la pérdida de poder adquisitivo en sus salarios. Según los datos publicados por la estadística de los convenios colectivos de trabajo del Ministerio de Trabajo y Economía Social en 2021, con lo datos definitivos, el incremento salarial medio, incluidas las cláusulas anuales de revisión ante la desviación de la inflación, fue del 1,61%, mientras que el IPC medio del año se situó en el 3,1%. Para 2022 y 2023 los datos de la negociación colectiva son aún provisionales. En el primero el IPC medio anual fue del 8,4% y las subidas salariales, incluyendo las revisiones anuales, solo alcanzaron un 3,20%. En el segundo los salarios revisados crecieron un 3,71%, siendo más elevados que el IPC medio anual, que fue del 3,5%. El Gobierno elevó el SMI desde 735 euros mensuales en 2018 a 1.080 euros mensuales en 2023, con un incremento del 47%.

Europa... ¿y ahora qué?

Las elecciones europeas han dejado diferentes lecturas y análisis, que se han ido prodigando en el curso de los últimos días. Dos elementos destacamos de los comicios en el conjunto de la Unión. En primer término, el avance de la ultraderecha –con claros perfiles nazis y fascistas–, precisamente en lo que podríamos considerar como el núcleo fundador: Alemania, Francia, Italia. Los porcentajes obtenidos por estos nuevos seguidores de Hitler y Mussolini –según declaraciones de algunos de sus dirigentes– son elevados, sobre todo, en la antigua Alemania del Este; y en la mayor parte del territorio de Francia. Pero un segundo factor debe considerarse: el mantenimiento del bloque europeísta, es decir, el que ha conformado una coalición entre el Partido Popular Europeo, los socialdemócratas, los liberales y los verdes. La posibilidad de reeditar ese acuerdo es plausible, y resultaría difícil de entender que se pudieran abrir las esclusas a aquellos que quieren entrar en las administraciones europeas para dinamitarlas. También esto último ha sido expuesto por algunos de los dirigentes de esta ultraderecha. Este europeísmo teórico que se ha expandido en mítines y posicionamientos políticos, debe cuajar en ejes concretos de actuación.

Los ultras aún pueden ser más fuertes

La ultraderecha puede aún disputar a los socialistas la condición de segundo partido más numeroso del Parlamento Europeo. Los primeros análisis realizados por los medios pasaron de puntillas por la composición final de la Eurocámara. El alivio que les produjo a la mayoría el mantenimiento de la dupla del consenso centrista en que se ha venido apoyando la gobernanza de Europa hizo que se obviara con demasiada rapidez un escenario más complicado.

Europeístas frente a neuro-europeos

La neurosis tiene mucho que ver con el desequilibrio que genera el autoengaño. Una tensa duda sale al paso de toda persona sensata: si la derecha extrema ha sido y es la principal enemiga de Europa -nacionalismos frente a integración, tradiciones locales frente a valores compartidos, propiedad exclusiva frente a bienes colectivos- ¿a qué viene este teatro de falso europeísmo ante las elecciones del 9 de junio? ¿Qué quiere hacer con Europa esta gente de derecha extrema caracterizada por su escepticismo ante la Europa social de los pueblos, de las libertades y los derechos? ¿Abolirlos, una vez alcanzado el voto necesario para conseguirlo? La reflexión es importante pues por toda Europa estamos presenciando intentos premeditados de arrancar de nuestras vidas las libertades y derechos sociales que han sido la base de nuestra convivencia. Derechos y libertades que han convertido a Europa en un islote mundial donde la democracia, con sus enormes ventajas y distintas carencias, ha facilitado no obstante la existencia de millones de seres con niveles de prosperidad y de justicia no igualados en gran parte del mundo.

Hacia una pronunciada derechización en Europa

Las elecciones europeas constituyen un dolor de cabeza para los partidos que gobiernan en sus estados respectivos. Así ha sido siempre y no parece que, al menos a la vista vaya a cambiar. Ni los políticos ni los medios se han esforzado demasiado por estimular un debate público plurinacional. Prima el oportunismo político y el ajuste de cuentas interno. Lo que estamos viendo en España es replicable en cualquier otro país del continente.

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