Permítanme contar un caso que sucedió cuando este escribidor ejercía el Periodismo de sucesos. En Madrid, concretamente en una finca particular del área de Torrejón de Ardoz, años atrás cayó del espacio extra-atmosférico un meteorito de considerables dimensiones. Inmediatamente, este periodista se desplazó al lugar del acontecimiento sobrevenido. Una vez allí, el propietario de la finca no autorizaba que el bólido caído en su predio fuera mostrado al público. Y ponía por condición que el meteorito permaneciera oculto hasta que no se reconociera la supuesta injusticia cometida contra él por un tribunal, al arrebatarle la patria potestad de un hijo suyo. Así, el meteorito, nunca pudo ser visto. Aquel hombre culpaba de sus males a la justicia y, por extensión, a la sociedad entera, a la cual por su parte arrebataba, por una cuestión personal, la visión de un fenómeno astral que debiera ser de acceso común y libre. Ejercía su poder a su manera, merced a la culpa supuestamente ajena.