Por vez primera en la Historia se planteó una reivindicación de signo feminista y socialista sobre la necesidad de que las mujeres participasen en las negociaciones de paz al terminar la Gran Guerra. Clara Zetkin fue la protagonista de este hecho. Ante el comienzo de las discusiones de paz los socialistas franceses y los laboristas británicos habían reclamado la presencia de las organizaciones obreras en las mismas. En este contexto, Zetkin creía que las mujeres socialistas también tenían ese derecho. En consecuencia, hizo un llamamiento a las mujeres socialistas para que reclamasen a sus respectivos gobiernos que en las discusiones sobre la paz fueran admitidas, con igualdad de derechos, delegadas socialistas de cada país y, además, una representación colectiva de la Internacional de Mujeres Socialistas, que asumiría la representación de los países que no pudieran enviar representantes femeninas. Zetkin era partidaria, además, que en la ciudad donde tuvieran lugar las conversaciones y negociaciones de paz se celebrase un Congreso Internacional de Mujeres Socialistas. Era indispensable que, en el Tratado de Paz, en la parte donde se consignasen los derechos de los trabajadores se consiguiesen los mismos para las trabajadoras, y singularmente para las madres. No olvidemos, en este sentido, el protagonismo que siempre dieron los socialistas a las madres en sus campañas contra la guerra en la época de la paz armada, o, como en el caso del socialismo español en relación con la Guerra de Marruecos.