El relojero como modelo de trabajador manual en tiempos de Carlos III
En el siglo XVIII, los ilustrados españoles mostraron un claro interés por mejorar las condiciones labores de los trabajadores y, al mismo tiempo, elevar su dignidad, su honra y su imagen ante la sociedad. Para algunos de esos reformistas, el relojero reunía en su figura la imagen ideal del trabajador manual. En primer lugar, sabía leer, escribir y dibujar y los ilustrados, no debe olvidarse, intentaron fomentar la educación y, como materia, el dibujo entre los artesanos, con el fin de favorecer la calidad de sus obras. Además, el relojero era un trabajador muy completo, ya que realizaba desde el diseño de la maquinaria interior hasta la caja que la ocultaba. No sólo construía relojes sino que los reparaba, lo cual demostraba su habilidad y conocimiento del oficio, algo que nuestros ilustrados trataron de impulsar en todas las profesiones manuales.
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