El socialismo y la escuela
- Escrito por Julián Besteiro
- Publicado en Déjà Vu
“Toda reforma emprendida por la ciase burguesa se diferencia esencialmente en esto de la reforma emprendida por el Partido socialista: la primera tiene en si misma su propio fin; la segunda no es sino un medio para un fin ulterior: la transformación completa de la organización social mediante la socialización primero de los medios de producción.
Así, toda reforma de la escuela, desde el punto de vista burgués, carece de ideal en cuanto no se propone otra cosa que el mejoramiento de lo ya existente: la corrección de sus defectos; carece también de amplitud y de grandeza en cuanto atiende más al detalle que al conjunto y menosprecia el enlace natural que la reforma de la escuela tiene con la reforma total de la sociedad.
Para el Socialismo, la lucha por la escuela no supone sólo un problema técnico y especial, sino que es un aspecto, una faceta de la lucha total política.
Esta diferenciación es la base de una larga serie de diferenciaciones. La primera es la que resulta de la consideración del fundamento de la reforma misma.
En la sociedad capitalista actual fué el aprendizaje teórico y de memoria la base fundamental de la instrucción; más tarde, la ilustración burguesa sustituyó este principio por el principio de la intuición. Finalmente, los mismos pedagogos burgueses han preconizado el valor de la acción como base del aprendizaje. Pero sólo el Socialismo ha elevado este último principio á la categoría de principio esencial, y proclamado la creación y el trabajo como la base de la organización escolar común de todos los grados.
Nadie como el obrero ha sufrido las consecuencias de la división del trabajo en corporal y espiritual, división que ha alcanzado su máximun de intensidad bajo el régimen capitalista. No por eso sueña el proletariado en volver á las formas primitivas de aprendizaje ligadas con etapas de la producción anteriores al desarrollo del capitalismo.
A lo que aspira es á que, en la gran escuela del porvenir, sea el trabajo corporal igualmente honrado que el trabajo del espíritu, á que el a b c del cultivo del cuerpo sea identificado con el a b c del cultivo del alma que abre desde la infancia el camino de la burguesía al ejercicio de las llamadas profesiones libres y relega los oficios á una condición semejante á la de la esclavitud, privando al obrero de la percepción de las conexiones de su obra con el resto de la acción colectiva y social de sus semejantes.
Tras un breve paso por la escuela y un ligero contacto con los rudimentos del saber teórico, pasa hoy el obrero á convertirse en el taller en una rueda de la gran máquina de la producción. Y, sin embargo, todo obrero consciente sabe que el trabajo manual es el soporte de toda la sociedad y que la transformación y el progreso de las condiciones del trabajo han sido la causa de las grandes transformaciones de la cultura de los pueblos.
La aspiración de la reforma socialista de la escuela no se satisface con la introducción en el plan de estudios de la escuela actual de una clase de trabajo manual. Esa sería una reforma mezquina que dejaría esencialmente todo en el mismo estado en que hoy se encuentra. El Socialismo aspira á la creación de una escuela nueva en una sociedad que haya logrado espiritualizar el trabajo manual, libertándole de la explotación capitalista, y esa gran escuela, en donde ha de nacer la estimación recíproca de los trabajadores, será la escuela común á todos, en la cual los hombres habrán de empezar á vivir en un libre régimen de trabajo atractivo.”
(Vida Socialista, 12 de mayo de 1912).