A la República de los Estados Unidos
- Escrito por Pi i Margall
- Publicado en Déjà Vu
“Me dirijo a ti, república del Norte, desde una nación que te ultraja y te odia por creerte cómplice de los insurrectos de Cuba. Sí respecto a Cuba de algo debiera yo acusarte, sería de haberte conducido sobradamente remisa y floja. Sacudiste el yugo de Inglaterra, parte por tu ardimiento, parte por el apoyo que te dieron Francia y España; no puedes mirar indiferente colonias que luchen por su independencia. Debes emplear en su favor tu influjo y tu espada con más razón de la que en tu pro lo hicieron apartadas naciones de Europa.
El humilde trabajo que te dedico lleva precisamente por objeto hacerte la libertadora de las gentes. No he encontrado entre las naciones del mundo otra que mejor pueda llenar fin tan urgente y en ti he fijado mis ojos cansados de ver la iniquidad triunfando. Tenemos así en Europa a la preclara Suiza, que aborrece la propia y la ajena servidumbre, pero es república que por su posición y sus fuerzas harto hace con defenderse de las vecinas potencias.
Te extrañará tal vez que te hable de emplear la violencia. Soy enemigo de la guerra, pero más enemigo de la tiranía. Admito contra la tiranía la fuerza y aún la aplaudo y santifico. No en honor de los Alejandros ni los Césares entonaría yo cánticos de alabanza; sí en honor de hombres como Washington y Bolívar. Jamás he reconocido el derecho de conquista y en los conquistadores he reconocido siempre el de arrojar de su territorio a los invasores, aunque lo hayan ocupado siglos y lo hayan mejorado y restablecido. Todo pueblo que se alce por su perdida independencia me merece por de pronto respeto y cariño; admiración y entusiasmo si le veo luchar uno y otro día con fuerzas superiores y al fin vencerlos. Digno y muy digno de apoyo es a mi juicio.
Otros son los sentimientos que hoy prevalecen; mas yo sobrepongo el de la humanidad al del patriotismo y me tengo por patriota con defender mi patria a costa de la ajena. Quiero libres a los pueblos todos del orbe y a todos enlazados por el vínculo del mutuo amor y de los comunes intereses. Tú, república de los Estados Unidos, puedes hacer mucho por acercar ese ideal remoto; por esto me dirijo a ti, y en ti pongo mi fe y mi esperanza.
En Europa no hay sino pueblos dominadores. Sé tú el pueblo libertador, república de Washington.
Tú eres hoy la primera nación del mundo. Albergas en tu seno la humanidad entera; más de ocho millones de europeos, más de siete millones de africanos, más de cien mil chinos, más de dos millones de ciudadanos de las demás repúblicas de América. En ti buscan refugio todos los oprimidos, que lo sean por la tiranía, que por el hambre.
Tú tienes templos para todas las religiones. Tú no distingues a los católicos de los protestantes, ni a los cristianos de los judíos, ni a los mormones de los budistas. Tú respetas todos los cultos y no tienes ni pagas ninguno.
Tú eres la libertad, tú la democracia. Tú guardas y defiendes la personalidad de todos los que se acogen a tu sombra; tú fuiste la primera en escribir los sagrados e imprescriptibles derechos del hombre. El año 1776, trece antes de la revolución francesa, los habías declarado ya en la convención de Virginia.
Tú has sido también la primera en abolir la esclavitud pero tú venciste e imposibilitaste en el resto de América la servidumbre. Tú respetas no sólo los derechos de los ciudadanos sino también los de los distintos pueblos. Has sabido realizar en tu organización política el salvador principio de la unidad en la variedad y podrías, aplicando y extendiendo tu sistema, unir las naciones todas de la tierra y hacer de la hoy dispersa humanidad un ser orgánico.
¿Quién con más títulos ni más medios que tú para ser el portaestandarte del género humano? Eres poderosa; atrévete y no habrá nación que deje ni haya dejado en la historia páginas más brillantes que las tuyas. Por la redentora de las gentes te conocerán las futuras generaciones…”
(Primeros párrafos del texto de Pi i Margall, de 10 de noviembre de 1896)