La escuela es el maestro
- Escrito por Fernando de los Ríos
- Publicado en Déjà Vu
“Mas la escuela no es sólo el edificio; la escuela es fundamentalmente el maestro. Y al esfuerzo que España hace en pro de la cultura, es indispensable que corresponda una modificación esencial eh la formación científica del maestro y su actuación profesional. El esfuerzo del maestro tiene que ser hoy infinitamente mayor y de calidad diferente.
El maestro necesita tres emociones fundamentales, sin las cuales no cumple su función de educador. El maestro necesita profunda fe en la cultura, intenso amor hacia el niño y un alto sentido del respeto que se debe a la conciencia de la criatura que se le entrega. Si falla cualquiera de esas tres condiciones, ya no hay un maestro en la integridad y en la plenitud de su acepción. Porque el maestro tiene que ser el educador, “duc» el que conduce guía espiritualmente. Pues imaginad, por ejemplo, le falta al maestro ese sentido del respeto a la conciencia. Irrespetuosidad a la conciencia juvenil es poblarla de menosprecio, de odio, de desdén y desinterés por las cosas, porque la función del maestro ha de consistir, tiene que consistir, en crear en la conciencia infantil un órgano que esté precisamente avivado por la sed de saber y por la divina curiosidad; por el respeto hacia todo.
Por esto, el maestro tiene que tener como máxima aquel principio del inolvidable Espinoza «sed inteligere»; comprender. Comprender y hacer accesible el niño a todo lo noble. El odio, el menosprecio, la perfidia en la manera de conducirse, son actitudes blasfematorias de la conciencia, porque la conciencia tiene su dios mayor y el dios mayor de la conciencia es la virtud de la veracidad.”
De un discurso pronunciado por Fernando de los Ríos ante el Comité de Cooperación Internacional en febrero de 1932.
Fuente: El Socialista, número 7196.