La belleza
Se aposta uno como ojeador en cualquier sitio, en una terraza de la glorieta de Atocha, sin ir más lejos, y descubre lo que ya debería saber mirándose cada mañana al espejo: que la belleza es menos frecuente que la fealdad, o que la simple falta de gracia. La belleza es un estado o un reflejo del alma, si seguimos a los clásicos, o una lotería que le toca a algunas y algunos en el boleto genético, si nos inclinamos por teorías más modernas. La belleza cuando es radical tiene algo de celeste o de diabólico. Admiramos en la cara de la otra, del otro, lo que tiene de excesivo, de sobrehumano, aquello que nos es ajeno. De repente, en un rostro se dibuja un trozo de cielo, de infierno quizás. Y luego están las guapas y los guapos, y los resultones, pero esas son categorías más comunes y amables, en absoluto inquietantes.
- Publicado en Opinión