El legado de Nicolás y Marcelino
Representar a los demás: qué honor. Qué distinción recibir de ellos la autorización para luchar por los intereses de todos. Conseguir un objetivo anhelado mayoritariamente es, tal vez, uno de los gozos más intensos del que cabe disfrutar en la escena social. El gozo de saber que ese potencial representativo depositado en manos de un delegado, ha conseguido reestablecer un derecho arrebatado o ha cristalizado en una conquista colectiva, laboral, salarial o política. Placer intenso porque el verdadero valor de tal representación reside en que ha de ejercerse desinteresadamente.
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