La filósofa Adela Cortina, catedrática emérita de Ética y Filosofía Política en la Universidad de Valencia, acuñó una nueva palabra: “aporofobia”, para definir el rechazo al pobre. Es un concepto que tiene que ver con el conflicto ético en el que estamos y del que los dirigentes políticos no asumen como central en sus programas. En el caso de que los tengan, claro. Aunque dada la mediocridad o ejercicio de venalidad de algunos y algunas en su formación académica, poco podemos aguardar de ellos. La pobreza será la situación general hacia la que se dirige España, merced a la pasividad, ignorancia o ejercicio activo de una buena parte de los propios pobres. Las víctimas pueden estar respaldando a sus victimarios. Una tragedia. Se ignora a los pobres en el debate político. Tanto como a las víctimas asesinadas por el franquismo en las cunetas.
En las ultimas semanas algunas noticias han contribuido a generar más turbiedad en un mercado tan de por sí opaco como es el inmobiliario. Por una parte, a finales del pasado mes de septiembre la escalada de los precios del alquiler fue matizada por los datos publicados por el Ministerio de Fomento, basados en las fianzas de los alquileres. Por otra parte, he tenido ocasión de leer en un digital un análisis que intentaba demostrar que las viviendas turísticas no son una presión realmente seria que justifique el alza del precio del alquiler. Y por último, han aparecido en los últimos días noticias sobre comparativas que hablaban de un coste menor de la compra sobre el alquiler partiendo del esfuerzo medio sobre la renta disponible en determinadas zonas. Esto último tenía como fuente un portal inmobiliario, justo el tipo que ha sido puesto en cuestión por el Ministerio de Fomento. Obviamente, no es una casualidad, pues los mayores y más conocidos portales inmobiliarios en España están financiados por empresas del sector, las conocidas SOCIMI, por lo que son mecanismos para disparar los precios al alza. Y como remate a este gancho de entrada, de nuevo empiezan a verse en nuestras ciudades aperturas de locales comerciales ocupados por inmobiliarias. ¿Qué sentido tienen estos movimientos?
Todos recordamos ese momento de Amanece que no es poco, el del Alcalde necesario.
Cada vez más nos va quedando claro de que los políticos se han convertido en una élite, en una casta como diría Iglesias (de la que él forma ya parte también), que están "a sus cosas". Que nos ponen como excusa, como si realmente estuvieran preocupados y ocupados en aquello que nos afecta, cuando en realidad, somos sin más una coartada para sus discursos, para todo este teatro que se empeñan en hacer mientras lo que realmente más les importa es mantener sus espacios de "poder", ganar sus batallas -generalmente personales- y mientras tanto dejar que todo pase.
No hay más que ver a aquellas caras que llegaron, nuevas, hablando de regeneración, de la necesidad de rotar en los sillones del poder. Ahí los tenemos, bien agarrados a sus sillones de secretarios generales, de diputados. No se mueven y no hay manera de moverles. Quienes lo han intentado de alguna manera al final han terminado creando sus propios partidos para así tener su propio sillón.
En fin, que además ya estamos viendo que mantener conflicto es lo suyo. En lo que sea. Intentar diferenciarse de los demás aunque nunca quede del todo claro cuál es su propuesta sobre el tema que sea. Vaguedades, datos incorrectos o directamente falsos, y desde luego poca seriedad y absoluta falta de compromiso.
Su palabra no suele cumplirse jamás. Lo que dicen un día cambia al siguiente y no sienten rubor. Venden a quien sea en cualquiera de sus mítines. Todo postureo. Nunca dicen la verdad a las claras y se parapetan en sus consignas de partido. Los partidos, que al final se han materializado en unas estructuras que, en lugar de garantizar la democracia viva, están suponiendo un obstáculo que limita las libertades de sus miembros y garantiza el compadreo entre las cúpulas.
Está claro que no les interesa sentarse a dialogar. O al menos ponen de excusa las elecciones, porque lo que les interesa de nuevo es gestionar los conflictos en base a su interés, que son los sillones, no la resolución real de los problemas (que, dicho sea de paso, ellos han contribuido enormemente a generar).
Con el tema catalán, más de lo mismo. No hay manera de que haya diálogo, compromisos ni propuestas. Al menos de momento no, y hasta que no pasen las elecciones alguno considera que es normal dar portazos continuamente, girar la espalda y seguir permitiendo que haya personas sufriendo una represión sin sentido en una "democracia consolidada".
Pedro Sánchez se toma la molestia de hacer campañas mundiales para intentar convencer a la gente de que las noticias que puedan llegarles son "propaganda independentista", pero a la hora de la verdad, están promoviendo medidas que recortan las libertades y los derechos de todos con la excusa del "demonio independentista". Noticias falsas por todas partes, miedo entre quienes tienen que contar la verdad, voces compradas y silencios bien pagados. Así no hay manera de salir de este agujero.
Mientras, la Falange se reúne en el Ateneo de Madrid. Cantan el Cara Al Sol con el brazo extendido. Y aquí no pasa nada. Y en Cataluña les forran a hostias y detienen a chavales que están denunciando auténticas aberraciones cometidas, presuntamente, por las fuerzas policiales. Chavales que salen a protestar, como hicieron nuestros padres y como se ha hecho durante toda la vida cuando ha sido necesario propiciar cambios para una sociedad que se estanca.
Nos estamos dejando la voz gritándole a los políticos que hablen, que se pongan de acuedo y que pongan un poco de sentido común sobre la mesa. No nos hacen ni caso porque eso no va con ellos. Viven del conflicto perenne.
Y yo me pregunto: ¿por qué no comenzamos a organizarnos, a través de plataformas, asociaciones, grupos de activistas para dialogar entre nosotros? Me refiero a que necesitamos que el pueblo escuche al pueblo. Que el pueblo se dé las respuestas que ni los políticos buscan, ni nos cuentan, ni los medios de comunicación se atreverían a comunicar aunque se estuvieran produciendo.
¿No va siendo hora de una vez por todas de que el pueblo tome la iniciativa y hable de frente? Seguro que estaríamos sorprendidos al hablar entre personas de distintos territorios, con respeto y tranquilidad, sobre la república, la corrupción, la sanidad, los derechos civiles, las libertades y por qué no, conocer de primera mano las razones de los independentistas para querer marcharse. Seguro, al cien por ciento, que muchos quedarían sorprendidos al descubrir las mentiras que consumen cada día desde unos medios de comunicación que nos quieren enfrentados, divididos, adormecidos y sin capacidad de iniciativa.
El hombre universal (genérico de ser humano) diferenciado del hombre identitario, es una cuestión filosófica y política. El hombre es en esencia una entidad de pensamiento, emociones o sentimientos, entendimiento, raciocinio, percepción, imaginación y voluntad y su dimensión psicológica tiene como condición, la posibilidad de la interacción con otros seres humanos.
En 1986, Norberto Bobbio ya hablaba de la difusiónde las computadoras como ampliación de los espacios de la democracia directa. Hasta entonces, aún en la Guerra Fría, el futuro parecía escrito y Bobbio tuvo su momento visionario pensando en el futuro de la tecnología viendo los avances que se iban dando y cuáles podrían ser sus consecuencias para la sociedad.
La entrada en recesión de la economía española implementó el estigma de la incertidumbre y la incredulidad en una sociedad inmersa en la cultura del Estado de Bienestar del mundo occidental y derivó posteriormente en un shock traumático al constatarse el vertiginoso tránsito desde niveles de bienestar hasta la cruda realidad de la pérdida del trabajo, posterior desahucio e inmersión en umbrales de pobreza y dependencia en exclusiva de los subsidios sociales.
El conjunto monumental de Cuelgamuros, o Valle de los Caídos, formado por la basílica, la gran cruz, la extensa explanada de acceso y la abadía, es admirado, aún hoy, por un número de personas, afortunadamente menguante, como un ostentoso signo de la victoria en la guerra civil del bando alzado contra la II República, y al mismo tiempo es denostado y repudiado por mucha gente, por idéntico motivo.
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