¿A qué ciudad aspiramos?
El concepto “modelo de ciudad” ya se utiliza poco en la política actual. Como ahora se trata de hacer espectáculo y apelar al voto emocional, se huye de cualquier discusión de cierto calado sobre cuál es el proyecto de futuro que se quiere para la ciudad que se imagina. A las puertas de unas elecciones municipales, parecería lógico hacerlo. Hay algo muy importante que no es espontáneo y no se improvisa, que es el del planeamiento urbanístico, del que dependerá no sólo ni especialmente el trazado de las calles y las densidades, sino la conformación del tejido urbano, sus usos, la mezcla o no de funciones y grupos sociales, el grado de amabilidad o dureza del espacio público, la movilidad o la disponibilidad de servicios.
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