El Acta de Supremacía y la Iglesia de Inglaterra
El 3 de noviembre de 1534 el Parlamento inglés aprobaba el Acta de Supremacía, en pleno reinado de Enrique VIII, disposición fundamental en la Historia de Inglaterra, ya que establecía que el rey era la “suprema y única cabeza” de la Iglesia en el país, y que la Corona debía disponer y disfrutar de todos los privilegios, jurisdicciones, autoridades, beneficios, etc., que eran propios de esta dignidad, cuestión nada baladí porque se hizo con un inmenso patrimonio. Esta disposición iba acompañada de otra fundamental, la Ley de Traiciones. Esta ley estipulaba que quien rechazara el Acta de Supremacía, privase del rey de su dignidad o le acusase de hereje, cismático o usurpador, sería considerado reo de alta traición. Recordemos lo que le ocurrió a Tomás Moro, alto dignatario muy estimado por su rey, y que sería ajusticiado. También habría que destacar el caso del obispo Fischer, entre otros.
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