Confianzas y desconfianzas
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
Nuestras experiencias nos demuestran que estábamos equivocados, que hay gente que no merecen nuestra confianza. Lo importante es que seamos capaces de reconocer nuestras equivocaciones y las aprovechemos para no continuar cometiendo los mismos errores.
El fracaso de nuestra inteligencia aparece cuando nos empeñamos en negar las evidencias y no nos apeamos del burro. Entre prejuicios que nos encerramos en estar absolutamente seguros de cosas que no sabemos y juzgamos anticipadamente un hecho; las supersticiones mediante las que mantenemos la supervivencia en creencias muertas y desbaratada o el dogmatismo que aparece cuando una previsión queda invalidada por la realidad.
Todo esto nos encierra en el fanatismo que incluye todos los fracasos cognitivos y que añade dos elementos extremadamente peligrosos, como una defensa de la verdad absoluta y una llamada a la acción. Somete a la inteligencia porque impide aprender.
Sí pudiéramos vivir en un mundo de fantasía, sería estupendo y nos intriga mucho el poco interés con que hemos estudiado la “credulidad”, la facilidad excesiva para creer en las cosas. Los seres humanos tendemos a creer en toda información que recibimos el suficiente número de veces y por distintos caminos que se corroboran entre sí.
Con la palabra nace la comunicación, pero también la mentira y nuestra maquinaria de formar creencias resulta engañada con facilidad. Los medios de comunicación favorecen ese engaño porque pueden crear un simulacro de realidad.
Entre confianzas y desconfianzas, el poder siempre ha utilizado una debilidad anacrónica. Los mecanismos de ejercicio del poder son permanentes y podemos reducirlos a tres. La capacidad de hacer daño, la de dar premios y la de cambiar las creencias.
La credulidad, que es un rechazo mecánico a toda crítica, una bobalicona aceptación pasiva de lo que llega por canales cualificados, es un dramático fracaso de la inteligencia. En el otro extremo, la desconfianza radical, el régimen permanente de sospecha, también lo es.
El diálogo, por ejemplo, sólo es posible cuando puede salirse, aunque sea fragmentariamente, del mundo privado para acceder a la objetividad, una tierra de nadie utilizable por todos. La irracionalidad, el encasillamiento en la opinión personal, lleva irremisiblemente a la violencia.
El uso racional de la inteligencia, indispensable para convivir, se concreta en dos grandes dominios de evidencias universales: la ciencia y la ética. Conviene que se combatan las ideas, para que no tengamos que combatir las personas.
El parecer se sobrepone al ser: Los sentimientos son sólo experiencias que nos informan acerca de como se están comportando nuestros proyectos o deseos en su enfrentamiento con la realidad. Los amigos son en cierto modo, capaces de corregirnos por nuestro bien.
La amistad pura solo puede existir entre personas buenas o que buscan la virtud. La diferencia entre y quien solo aparenta ser amigo es ante nuestros logros el primero en felicitarnos y el segundo en guardar silencio ...
Con frecuencia, el silencio constituye la forma más elocuente de elogio entre quienes solo aparentan amistad.
Todo es manejable , administrable . Es decir nos reducimos a simple materia .Y la materia ni sueña, ni ama, ni sufre. Aunque se ahoga y flota, recordándonos que lo peligroso no es un extraterrestre nos vea como carne pensante . Lo peligroso es que el poder nos vea como solo carne.