El votante de Díaz Ayuso
Hay algo que me tiene más alucinada que la propia Isabel Díaz Ayuso: sus votantes.
- Publicado en Opinión
Hay algo que me tiene más alucinada que la propia Isabel Díaz Ayuso: sus votantes.
Sé que estamos todos muy ocupados con las mociones de censura y con las elecciones de Madrid, que nos han hecho olvidar de algún modo si existe o no la pandemia. Pero ya tendré ocasión de comentar sobre estas situaciones próximas, porque hoy necesito GRITAR por lo ocurrido en Turquía. Y no quiero que pase por alto por la gravedad que tiene.
Durante muchos meses he evitado escribir sobre Díaz Ayuso por dos razones: una, porque, en mi opinión, era darle una publicidad inmerecida e innecesaria que genera hartazgo, y es que, todo lo que ella dice, por el hecho de estar en Madrid, se convierte en importante para los medios de comunicación, aunque sea una supina tontería, y España es muchísimo más que Madrid (nadie se imagina que algún presidente autonómico tuviera tantos titulares con tan poca miga). Y, dos, porque me resulta difícil calificar a este personaje, y procuro emitir opiniones razonadas (aunque siempre no lo consiga), pero en este caso, tengo mi razón alborotada ante este huracán de despropósitos que es Isabel. Lo más educado que podría decirle es que es digna heredera de Trump, pero seguramente eso le haría sentirse orgullosa.
Llega el 8 de marzo, una fecha esencial para el reconocimiento de los derechos de la mujer y que, sin duda, es importante para las mujeres y para los hombres. Sí, también para los hombres. Muchos lo han entendido: todos aquellos hombres que no tienen miedo a perder privilegios sustentados sobre el poder del varón y la sumisión de la mujer porque prefieren encontrar una compañera, una amiga, una amante, una mujer libre que una vasalla. Sobre todo, porque ellos ganan también: se liberan de estereotipos, pueden ejercer de padres, dejan de ser los “machotes” violentos, y pueden dejar de fingir.
Cuando recordamos con amargura los 40 años del intento de golpe de estado, aquel 23 de febrero que pudo ser fatídico y que, afortunadamente, la joven democracia española pudo frenar, convivimos con ciertas contradicciones, algunas de ellas fruto del desconocimiento o del olvido.
Me niego a aceptar que los aficionados al fútbol, los apasionados de los colores de un equipo (sea el Barcelona CF o el Real Madrid, por las dimensiones que manejan de salarios de sus jugadores) aceptan impasibles lo que a mí me remueve hasta los higadillos.
Aprovecho el título de este artículo para recordar que este complejo 2021 es el año del centenario del nacimiento del irónico y divertido genio Luis García Berlanga. Hablaremos de él y lo recordaremos en más de una ocasión durante este año, la pérdida es que Luis no pueda realizar hoy una de sus magníficas sátiras sociales que retraten el mundo del siglo XXI.
¿Por qué me ha resultado tan amarga la entrevista del vicepresidente Pablo Iglesias? (Me refiero a la entrevista realizada por Gonzo en Salvados el 17 de enero 2021)
Seguramente el periodista más prestigioso y con la voz más autorizada deja de emitir su reflexión diaria. Y muchos lo vamos a sentir, yo la primera, porque sus reflexiones se componían de dosis de prudencia (aristotélica), de emoción, de razón (kantiana)y visión a medio plazo, que suponían una balsa de salvación frente a un continuo ruido mediático y político. Raro era el día que escuchando su comentario no aprendiese algo nuevo, viese un ángulo nuevo de la realidad, o encontrase en sus palabras aquello que yo sentía y no acertaba a ordenar y expresar. Oírle es abrir el “gran angular” de nuestra visión.
El año 2021 ha comenzado con sobresaltos. En medio de la tormenta de agua, nieve y frío que asola la península y mantiene en alerta a casi todas las autonomías españolas, sufrimos con desconcierto la tercera ola del coronavirus que registra datos de contagios como al inicio de la pandemia. En este caso además Europa está siendo duramente azotada; países como Reino Unido y Alemania baten records diarios de contagios y fallecimientos.
No soy original. No hay más tema de conversación que el coronavirus, cuáles son las medidas de restricción y cómo pasaremos las Navidades. A cualquier hora del día, en cualquier programa o medio de comunicación, en cualquier encuentro, la única conversación es el COVID-19.
El Rey emérito también quiere volver a casa por Navidad. Y con su decisión sigue agrandando la crisis que él ha provocado sobre la Monarquía.
Efectivamente un gobierno de coalición significa eso mismo: un gobierno formado por dos o más partidos.
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