Yo voté sí
Yo voté sí.
Porque hacer política es organizar el espacio compartido para el interés general, y no para el interés propio o el interés de unos pocos privilegiados.
- Publicado en Opinión
Yo voté sí.
Porque hacer política es organizar el espacio compartido para el interés general, y no para el interés propio o el interés de unos pocos privilegiados.
Hay al menos tres verdades incontestables en relación al problema social de la vivienda en España.
El problema ha alcanzado una dimensión insoportable para una parte importante de la ciudadanía, que no puede acceder a una vivienda digna en coste y condiciones razonables.
La situación en Ceuta es grave y compleja. Sufren los ceutíes, que han perdido la normalidad de sus vidas. Sufren los migrantes, que malviven hoy y temen por el mañana. Sufren los servidores públicos y voluntarios, que no dan abasto para cumplir con su trabajo y su vocación. Y sufren los españoles, que se identifican con el sufrimiento de sus compatriotas ceutíes.
Angela Merkel acaba de decirlo. Y tiene razón. La victoria contundente de la ultraderecha en Sajonia supone un punto de inflexión en el devenir histórico de Europa. El regreso del nazismo al gobierno en tierra alemana puede ser el anticipo, para 2027 y 2028, de los gobiernos ultraderechistas en Francia, Italia, España, Reino Unido…
Hay aún muchas incógnitas respecto a la crisis migratoria en Ceuta, pero también hay algunas certezas incontestables.
El 30 y 31 de julio se produjo una entrada masiva, ilegal e intolerable de personas, con consecuencias dramáticas para los migrantes y para los habitantes de Ceuta. Recuperar la normalidad es el objetivo y se logrará, pero no será fácil ni rápido. Y los adversarios del Gobierno de España, los nacionales y los internacionales, han adoptado un comportamiento oportunista e irresponsable, contribuyendo a agravar la situación.
Tradicionalmente se ha juzgado a los gobiernos por su gestión en lo relativo a las principales preocupaciones de la mayoría de los ciudadanos.
Tales preocupaciones, como es lógico, se suelen centrar en la cantidad y calidad de los empleos, en la dignificación de las grandes prestaciones sociales, como las pensiones, y en el funcionamiento de las principales políticas públicas: la sanidad, la educación, la vivienda, los servicios sociales, el transporte y la seguridad, sobre todo.
Periódicamente se reproduce el debate en torno al papel de los llamados “aparatos” en los procesos internos del PSOE y, en general, de los partidos que cuentan con estructuras y normas democráticas, que no son todos, ni tan siquiera la mayoría.
Es una pregunta inquietante, pero temo que la respuesta lo sea aún más. Porque hace tiempo que la derecha española no contempla límites en su propósito de tumbar al Gobierno democrático de este país y acceder al poder.
La estrategia del PP pasa por ocultar sus auténticas intenciones para el caso de acceder algún día al Gobierno de España. En consecuencia, hace uso de los múltiples terminales mediáticos a su servicio para inundar la conversación pública con todo tipo de basurillas ajenas a los asuntos de interés para la mayoría de los españoles.
Bajo el liderazgo de Feijóo, el PP ha dado los últimos pasos para transformarse en un partido trumpista, inspirado en la doctrina ultraderechista del multimillonario estadounidense Donald Trump, y cada vez más lejos de la tradición europea de partidos democráticos conservadores y democratacristianos.
La derecha solo gana elecciones generales en España cuando el PSOE desiste, como muchos interpretaron en 1996 y en 2011. Ahora no va a pasar.
Cada vez llama más la atención, incluso escandaliza, el distinto trato que muchos medios de comunicación y también algunas instituciones ofrecen a unos y otros casos de supuesta corrupción.
En algunos casos se multiplican los datos, las filtraciones, las hipótesis, las elucubraciones, y en otros no. En algunos casos los procesos institucionales se aceleran a un ritmo frenético, con coincidencias temporales más que sospechosas, y en otros no. En algunos casos se acepta la presunción de inocencia para los acusados, y en otros no. En algunos casos se reclaman responsabilidades políticas inmediatas, y en otros no.
La España de las Autonomías es un Estado complejo. La distribución de funciones y competencias entre las distintas administraciones resulta difícil de discernir para la gran mayoría de los ciudadanos y ciudadanas. Además, hay quienes juegan a alentar la confusión.
Estaba en el guion.
Conocíamos el coste de gobernar desafiando los intereses de algunos poderosos.
Existe una acción concertada y sincronizada de la derecha política, algunos agentes mediáticos reconocibles, determinados intereses económicos y ciertos actores estatales comprometidos, para desestabilizar al Gobierno progresista, forzar elecciones anticipadas, conducir a PP y VOX a La Moncloa y provocar un cambio hacia políticas conservadoras.
Los resultados de las elecciones autonómicas en Andalucía han contribuido a aclarar el panorama políticos español ante los retos de 2027. Ya solo hay dos grandes opciones: un gobierno progresista dirigido por el PSOE, o un PP atrapado por los ultras negacionistas de la paz, de la ciencia y de los derechos de las mujeres.
Cuando te engaña por vez primera, la culpable es ella. Cuando te engaña una segunda vez, una tercera vez y sucesivas veces, el culpable eres tú.
Isabel Díaz Ayuso lleva años jugando al engaño de superar un lío montando un lío más gordo, y contando con que muchos le seguirán el juego, sus amigos por ayudar y los demás por la inercia de la provocación.
Durante los últimos días, el Gobierno de España ha sido felicitado por dos instancias internacionales de primer orden, el Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Relatora Especial de las Naciones Unidas para los Territorios Palestinos ocupados.
El matonismo forma parte de las estrategias de la extrema derecha a lo largo de la historia, desde el nazismo, el fascismo y el franquismo en la Europa de la primera mitad del siglo XX, hasta los escuadrones ultras en Latinoamérica y los comandos paramilitares en la órbita post-soviética durante los años 70, 80 y 90.
Las imágenes de Mariano Rajoy, Dolores Cospedal, Jorge Fernández Díaz y demás dirigentes del PP declarando episodios generalizados de amnesia, incluso haciendo chanzas, durante el desarrollo del juicio por el caso Kitchen, ha causado perplejidad e indignación a partes iguales en buena parte de la sociedad española.
PP y VOX han acordado gobernar juntos en Extremadura con un programa que solo puede ser calificado como inhumano, porque atenta contra los requisitos civilizatorios que garantizan una vida digna al ser humano y aseguran una relación sostenible con su medio ambiente.
Según la Real Academia de la Lengua, antisemita es quien “muestra hostilidad o prejuicios contra los judíos, su cultura o su influencia”. Pero denunciar el genocidio que perpetran a diario el primer ministro de Israel y su gobierno es algo bien distinto. Se trata de condenar la masacre deliberada, sistemática y contraria al derecho internacional que llevan a cabo estos personajes contra los pueblos vecinos.
La guerra ilegal e injusta emprendida por Trump y Netanyahu está causando muerte y destrucción por doquier en Irán, en Líbano y en el conjunto de Oriente Próximo. Pero el PP de Feijóo se abstiene de condenarla.
La organización ultraderechista VOX encabeza el entramado internacional ultra autodenominado Patriots, del que también forman parte otros partidos de extrema derecha en países europeos, como Alemania, Francia, Italia y Hungría. El Likud que preside el mandatario israelí Netanyahu es un aliado de esta trama ultra, a través de “Patriotas de Jerusalén”. El propio Netanyahu ha calificado a estas organizaciones afines como “compañeros de armas”.
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