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Concepción Arenal: Coexistencia de la dominación y la igualdad (I)


Concepción Arenal en un grabado del siglo XIX. / Archivo. Concepción Arenal en un grabado del siglo XIX. / Archivo.

Millones de mujeres y hombres de todo el mundo se ven privados de acceso al empleo y la formación, confinados a determinadas actividades o reciben salarios más bajos simplemente por su discapacidad, etnia, condición de indígena o tribu, raza, religión, género, orientación sexual, identidad de género, opiniones políticas o de otro tipo, estado actual o presunto de VIH / SIDA u otro estado. Nada nuevo en el panorama aunque para algunos todavía de esta lección de primaria, ni se han enterado.

La discriminación que enfrentamos las mujeres, las minorías étnicas o raciales y los migrantes en el mercado laboral, nos hace altamente vulnerables a la explotación y el abuso, así como, el trabajo forzoso. Las barreras al trabajo decente a menudo obligan a los padres de una minoría étnica a recurrir al trabajo infantil para llegar a fin de mes. Pero si bien la discriminación se manifiesta de diversas formas, a menudo es sutil e insidiosa y socava la dignidad y el futuro de las personas. La discriminación niega a las personas su derecho a expresarse en el trabajo y su capacidad para participar plenamente. La segregación destruye las oportunidades de realización personal, desperdicia los talentos humanos necesarios para el progreso económico y acentúa las tensiones sociales o las desigualdades.  La discriminación es la fuente de exclusión social y pobreza. Cuando escucho decir que hoy en día las mujeres tenemos muchos privilegios me pongo mala. No sé qué privilegios. A pocas se las considera buenas escritoras, menos en filosofía (las grandes Amelia Valcárcel o Victoria Camps, pero de ahí no pasamos) compositoras o músicos, todas son extranjeras y se les da mayor sitio. Un nombre extranjero aquí, mola mucho más, son más campeonas. En algún lugar he dicho igualmente que me molesta que me llamen poetisa en lugar de poeta, es cuestión de rabia filológica o de odio a ciertos fonemas, pero, me suena a pitonisa. Un congreso de poetisas deja fuera a mis colegas poetas que somos todos uno y al congreso de poetas puede ir todo quisque. Punto.

En resumidas cuentas, la igualdad solo ha empezado, naturalmente tampoco se ha conseguido tanto, el dominio ha seguido ahí y todavía continúa, porque algunas (en especial politiquillas peperísimas) se han empecinado en corromper la imagen que de la mujer y sus oficios se tienen. Doble pena.

Para Concepción Arenal “la idea de igualdad supone la de diferencia: si no se hubiesen notado maneras de ser diferentes, no cabría afirmar que las hubiera iguales; no se diría que los hombres lo eran, sino comprendiendo que pueden dejar de serlo. Que los aficionados a los estudios psicológicos, que propenden a ver sucesivos fenómenos que tal vez son simultáneos, discutan si la noción de igualdad ha seguido o precedido a la de diferencia; a nosotros nos basta hace constar que si yodos fueran, se sintieran y se supieran iguales, no se discutiría acerca de la igualdad, viviríamos sin afirmarla ni negarla, sin notarla; no habría idea de ella, como no existiría la de salud si no se hubieran visto vivientes enfermos ni se concibiera que pudiesen estarlo. Anterior, posterior o simultánea, negación o afirmación de semejanzas o de diferencias, la igualdad y la desigualdad coexisten de tal manera, que no puede concebirse la una sin la otra, y que el estudio de cualquiera de ellas es el estudio de ambas. “


Un punto de partida importante para superar la discriminación es el derecho a la igualdad de oportunidades y a la igualdad de trato en el empleo y la ocupación. Y la clave del éxito en la promoción de la igualdad en el mercado laboral es la participación activa de las organizaciones de trabajadores, las organizaciones de empleadores y otras partes interesadas. No ser objeto de discriminación es un derecho humano fundamental y es esencial para que los trabajadores puedan elegir libremente su trabajo, desarrollar todo su potencial y cosechar las recompensas económicas de sus méritos. Alcanzar la igualdad en el lugar de trabajo también tiene importantes beneficios económicos. Los empleadores iguales tienen acceso a una fuerza laboral más amplia y diversa. Los trabajadores que disfrutan de la igualdad tienen un mejor acceso a la formación, a menudo reciben salarios más altos y mejoran la calidad general de la fuerza laboral. Los beneficios de una economía globalizada se distribuyen de forma más equitativa en una sociedad igualitaria, lo que conduce a una mayor estabilidad social y un mayor apoyo público para un mayor desarrollo económico. Aquí se queda en teorías. Todavía queda por ejemplo, la igualdad en la pensión de subsidio de las viudas. Todavía no entiendo por qué se muere su marido y encima se les reduce la paga. ¡Que alguien me explique por favor! ¿Y cuándo te quedas embarazada? Acaso el gobierno se compromete a pagarte, incluso si te quieres quedar en casa a criar a tu hijo y de paso te guarda el puesto? Esto es para algunas funcionarias. En Francia ya saben los lectores que no es así, las mujeres que tienen niños se les guarda su puesto hasta que decidan volver y su paga se les sigue dando a medias entre el gobierno y el patrón o empleador, si éste es de una empresa privada. Para mí, enseñar cacha, por muy liberador del talante femenino que sea, me parece degradante y chulesco mientras las intelectuales tenemos que ser feas, bigotúas y oler a sobaco. Tirar de muslamen no favorece nada en este momento de la historia de España, quizás dentro de veinte años no te digo, pero ahora, descentra la lucha, francamente, bueno, republicanamente.

La igualdad supone comparación, y la comparación cosas o personas que han de ser comparadas. Ya se sabe que todo ser es idéntico a sí mismo; de modo que, cuando se dice igual, evidentemente hay que referirse a otro. Igualdad supone pluralidad de personas o cosas que no se aíslan, sino que, por el contrario, se aproximan para compararlas o ser comparadas. Un número de seres, una aproximación suficiente, una comparación de sus cualidades, son condiciones indispensables para decir o negar que hay igualdad. Ésta supone, pues, colectividad que juzga y resuelve si algunos, muchos o todos sus individuos han de equipararse. Por pocos que éstos sean, la igualdad es un fenómeno social, y por groseros que se los suponga, la igualdad está precedida de una comparación, de un juicio. Ahí estamos. Arenal sabía perfectamente lo que decía y en qué movidas se encontraba.

“En consecuencia, la igualdad, ya se afirme, ya se niegue –escribe Arenal- no se puede considerar en una cosa aislada: como quiera que se comprenda el modo de ser de una persona, no se la iguala o diferencia por lo que en ella se observe en absoluto, sino por lo relativo que con otros tenga de común o diferente. No siendo la igualdad persona, sino colectiva, tiene más fuerza y menos independencia que lo que depende del solo individuo; y si se conociera mejor, tendría menos osadía y menos desfallecimientos como un elemento positivo y coartado que no se puede extender indefinidamente ni suprimir”.1 De ahí que no se puede ni se debe jugar a dos bandas y confundir. Si queremos ser iguales, seámoslo. Arenal (2000, pp. 16-29)

La igualdad, como aspiración, existe en varios grados y formas, según el pueblo en que aparece y el individuo que a ella aspira; pero en ninguna circunstancia esta aspiración existe sola, sino con otras, ya del individuo que la siente, ya de los que con él están relacionados. El mismo que desea igualarse con los que están más arriba, quiere distinguirse de los iguales, y se indigna de ser confundido con los inferiores. El espíritu de dominación, tan hostil al de igualdad, coexiste con él, y cuando no hay una fuerza que lo sofoque, o una razón que le enfrene, se revela: pueden verse sus tendencias avasalladoras en el niño que pretende imponer su voluntad, y más aún en el loco, que no sólo quiere que prevalezca la suya, sino que con frecuencia se reviste de autoridad superior o poder omnipotente. He ahí uno de los problemas con los que la lucha se diluye: los iguales.

Cierto que no se pueden aplicar a los hombres cuerdos las observaciones hechas en los niños y en los locos, pero tampoco pueden dejar de considerarse como datos; porque en el niño están los elementos del hombre; no ha dejado de serlo el loco por estarlo, y su extravío no consiste en tener instintos, facultades o sentimientos que falten a los demás, sino en la preponderancia desordenada de alguno de ellos. La frecuencia con que los locos se creen personas muy superiores por sus riquezas, talentos o autoridad, hace sospechar que existe en el hombre una propensión a elevarse sobre los otros, sospecha que pasa a convencimiento notando que la vanidad espíritu de dominación que son tan comunes en el hombre como hostiles en la igualdad. Lamentables aparecen ahora una cantidad ingentísima de mujeres que se guían así, por lo peor del hombre. Solo falta la violencia que innata en el hombre es, verla transformada también en su versión fémina: mujeres pederastas, violadoras, violentas. Empero, peligrosas son algunas revelaciones. La igualdad y la desigualdad tiene diferentes vertientes: igualdad filosófica, religiosa, política, laboral…social. Iremos analizando de la mano de esta insólita mujer, única, Concepción Arenal, las diferentes vertientes, posiciones y actuaciones de la mujer. ¿La mujer logrará dominar a la mujer? ¿Qué está pasando?

Si hay en el corazón humano un elemento que impulsa a igualarse, hay otro que induce a distinguirse, como se puede notar que existe a la vez el instinto del mando y el de la obediencia. Estos impulsos iniciales pueden y deben constituir una armonía: no se diga que son fatalmente hostiles, pero no se desconozca su antagonismo y se crea que la igualdad puede establecerse sin lucha y brotar espontáneamente donde quiere que no se contraría la natural propensión del hombre.

1Arenal, C (2000): Memoria sobre la igualdad, Asociación de Mulleres de Vigo, Irindo letras hsipánicas.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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